Dagoberto Valdés
Los cubanos, manipulados social y síquicamente por el estado totalitario, han perdido el concepto de responsabilidad debido a la falta de libertad. El autor afirma que hoy por hoy es el ciudadano promedio, acomodado y con miedo a perder su seguridad, el mayor responsable de su sujeción por parte del régimen.
Pinar del Río-- La masificación y la inseguridad profunda del hombre que ha abandonado su propio yo en manos de autoritarismos, provoca la pérdida de la responsabilidad personal.
Muchas veces hemos escuchado en nuestros centros de trabajo o estudio, en nuestras organizaciones sociales o comunidades eclesiales esta pregunta, que no siempre encuentra respuesta: ¿por qué hay cubanos que son cada vez menos responsables? ¿Por qué la responsabilidad no es asumida conscientemente por las personas, y rebota como una pelota de mano en mano hasta encontrar la socorrida disculpa de que la causa ha venido de afuera o de arriba?
No hay responsabilidad sin libertad personal, y no hay libertad personal si el hombre tiene miedo a buscar la libertad porque pierde su aparente seguridad.
En efecto, un hombre masificado se siente una pieza de la maquinaria social que él mismo ha construido con sus manos, y sabe que mientras funcione como engranaje, y piense, sienta y actúe como se espera de él, esto le traerá una seguridad personal, laboral y social muy cómoda. ¿Será fácil pedirle entonces al cubano que pierda esa seguridad para adentrarse en un mundo lleno de incertidumbres y vicisitudes, donde tendrá que sufrir todas las calamidades anunciadas para frenar su ansia de libertad?
¿Cómo pedirle al hombre cubano de hoy que sea más responsable, si no se le pide al mismo tiempo que acceda a mayores grados de libertad? Estoy seguro de que una de las causas de la indiferencia por alcanzar mayores grados de libertad en Cuba es que la mayoría de los cubanos sencillos han sido convencidos de que dejando de ser dóciles al mecanismo social, no sólo perderán su seguridad y la de sus familias, sino que serán muy malagradecidos e infieles al entorpecer el funcionamiento de la maquinaria que han construido con sus propias manos.
Según esta lógica, la máxima deslealtad sería destruir la maquinaria de una convivencia que despersonaliza en nombre de la mayor de las libertades, o de una justicia social mayor, que en teoría beneficia a todos, pero al altísimo costo de la despersonalización. He aquí dos causas para la falta de responsabilidad: por un lado el autoritarismo que se ejerce en nombre de la libertad y por otro la reacción de superficialidad y frivolidad en que se sumerge un pueblo cuando no goza de la libertad interior que lo libera del dogmatismo.
En la encíclica Veritatis Splendor, Juan Pablo II nos presenta la profundidad de la libertad y la última instancia de toda falta de responsabilidad cuando dice: ``La libertad no es sólo la elección por esta o aquella acción particular; sino que es también, dentro de esa elección, decisión sobre sí, y disposición de la propia vida a favor o en contra del bien, a favor o en contra de la verdad, en última instancia, a favor o en contra de Dios'' (V.S.65).
La falta de responsabilidad es, en fin, motivada por la falta de libertades, pero sobre todo por la falta de libertad interior. Nos encontramos con frecuencia muchos cubanos que, lejos de reivindicar su libertad personal y de exigir sus libertades civiles, viven en tal indiferencia y docilidad que nos hacen dudar si quieren o no ser más libres y disfrutar de mayores libertades. Toda la nación se empantana en el inmovilismo y la manipulación por aquéllos que instrumentalizan para sus fines ideológicos, económicos, religiosos o políticos, este abandono de la libertad.
Cuando este tipo de indolencia ciudadana se convierte en dejación de la libertad, el individuo deja de creer en la efectividad de su participación y disminuye la credibilidad que debería tener en la eficacia de la propia acción transformadora de la realidad en que vive.
El secuestro de la libertad de una nación depende más de la dejación de la propia libertad de cada ciudadano que de la supresión de las libertades civiles y políticas por parte del Estado.
Entonces nos preguntamos, ¿por qué un pueblo con la tradición y la idiosincrasia del nuestro puede llegar a ceder a la tentación de no ejercer la libertad, de no reclamarla?
Nos hacemos las mismas preguntas de Erich Fromm, autor de El miedo a la libertad: ``¿Puede la libertad volverse una carga demasiado pesada para el hombre, al punto que trate de eludirla? ¿Cómo ocurre entonces que la libertad resulta para muchos una meta ansiada, mientras que para otros no es más que una amenaza? ¿No existirá, tal vez, junto a un deseo innato de libertad, un anhelo instintivo de sumisión? Y si no existe, ¿cómo podemos explicar la atracción que sobre tantas personas ejerce actualmente el sometimiento al líder?''
Estas preguntas tienen sus respuestas en la vida cotidiana de nuestro pueblo. Algunas de las causas por las que muchos cubanos hacen dejación de la búsqueda de la libertad son: la manipulación de la propaganda, el control y utilización de la vida privada para coaccionar, la falta de alternativas de trabajo para subsistir al haber un único empleador público y una única instancia de reclamación que es la misma que emplea.
Otra causa es la confusión interiorizada en la mayoría de los cubanos, que identifican patria con gobierno, nación con estado, socialismo con revolución, logros de la revolución con ideología partidista, justicia social con distribución estatalizada y paternalista de los productos.
Tengamos presente la reflexión de Nelson Mandela: ``Tuve ocasión de aprender que el valor no consiste en no tener miedo, sino en ser capaz de vencerlo... El hombre valiente no es el que no siente miedo, sino el que es capaz de conquistarlo. Jamás perdí la esperanza de que se produjera esta gran transformación. No sólo por los grandes héroes..., sino por la valentía de los hombres y mujeres corrientes de mi país. Siempre he sabido que en el fondo del corazón de todos los seres humanos hay misericordia y generosidad. La bondad del hombre es una llama que puede quedar oculta, pero que nunca se extingue''. (El largo camino hacia la libertad. Autobiografía).
El cardenal Roger Etchegaray, presidente del Pontificio Consejo Justicia y Paz, quien nos ha acompañado en ese camino eclesial, puede iluminar esta situación cuando nos dice: ``La libertad es un fardo que el hombre quiere descargar entre las manos de los más poderosos. Algunas veces es más confortable ser esclavo que ser libre. La rareza y la fragilidad de los actos libres no deben hacernos dudar de la libertad; así como un eclipse no nos hace dudar del sol''.
Ingeniero agrónomo, graduado en la Universidad de Pinar del Río, 1980. Director del Centro de Formación Cívica y Religiosa y presidente de la Comisión Católica para la Cultura de Pinar del Río. Miembro del Secretariado Ejecutivo Nacional de la Unión Católica de Prensa de Cuba. Labora en la Unidad de Acopio y Beneficio del Tabaco como técnico de yaguas.
(c) (Tomado de la ponencia `Libertad y Responsabilidad en Cuba', presentada en la III Semana Social Católica en Santiago de Cuba y reproducida parcialmente en la revista `Vitral'.