Publicado el lunes, 1 de septiembre de 1997 en El Nuevo Herald

Pongan en práctica los `principios Arcos'

GEORGE PLINIO MONTALVAN

La inmensa mayoría de los los trabajadores cubanos dependen del hasta hace poco único empleador, el estado, que es un explotador salvaje. El reducido número que trabaja para empresas extranjeras, aun cuando disfrutan de empleos muy apetecidos --por los dólares que caen-- son igualmente explotados o, si cabe, más.

Como es sabido, la inversión extranjera en Cuba sólo se permite en la forma de empresas conjuntas. Una compañía cubana establecida por el gobierno es el socio local. Con todo, a la empresa conjunta se le prohíbe seleccionar y contratar obreros directamente: tiene que contratarlos a través de una agencia de empleo gubernamental a la que tiene que pagar un promedio de $450 mensuales por trabajador, o su equivalente en moneda convertible. Pero la agencia gubernamental le paga a cada trabajador un salario mensual promedio de 203 pesos, es decir, de unos $8.80, a la actual tasa de cambio. ¡Y se embolsa el resto! Si la cifra del vicepresidente Carlos Lage de 60,000 trabajadores empleados por las empresas conjuntas es correcta, esto representaría $318 millones anuales en ganancias directas, además de lo que se coge en impuestos y ganancias como socio de la empresa conjunta. Todo para ayudar a mantener en el poder al régimen de Castro. Las sedes diplomáticas probablemente les suman otros $10 millones a esos ingresos.

Este procedimiento, mediante el que el gobierno confisca el 98 por ciento de las ganancias de cada trabajador, es también bárbaramente discriminatorio en cuanto a la contratación y despido de los trabajadores. Aunque los salarios de $8.80 mensuales puedan parecer raquíticos, especialmente si se toma en cuenta que los inversionistas extranjeros están realmente pagando $450, estos empleos son muy ambicionados. En primer lugar, porque ponen al obrero cubano en contacto directo con los extranjeros, aumentando así su posibilidad de ganar propinas en dólares. Pero, además, lo vinculan con las preciadas fuentes de alimentos destinados a los turistas.

Por supuesto, la primera consideración para seleccionar los trabajadores ``idóneos'' para una empresa mixta son las credenciales revolucionarias. Cuando la empresa conjunta quiera despedir a un trabajador esto es fácilmente resuelto a través de la agencia de empleo. El personal asignado a las sedes diplomaticas, administrados por Cubalse, S.A. proviene o está bajo el control del aparato de la seguridad del estado. De ahí que todas las embajadas y residencias dipomáticas estén completamente penetradas por los agentes de Castro.

La Organización Internacional del Trabajo, la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas, y la Comisión de Derechos Humanos de la OEA han condenado al gobierno cubano por la sistemática violación de varias convenciones laborales internacionales de las que Cuba es signataria, incluyendo las que supuestamente garantizan la libertad de asociación, de organizar sindicatos independientes, la negociación colectiva y la no discriminación en contratos y despidos.

De aquí que los principios Arcos fueran desarrolldos como un código de prácticas empresariales, socialmente responsables, a ser adoptadas por los inversionistas extranjeros en Cuba. Estuvieron inspiradas por los principios Sullivan, que ayudaron a poner fin al apartheid e instaurar la democracia multirracial en Africa del Sur. Los principios Arcos toman su nombre de tres hermanos que participaron en la lucha contra la dictadura de Batista en los años 50; el mayor de ellos, Gustavo Arcos, es ahora un destacado disidente y secretario general del Comite Cubano pro Derechos Humanos. Fue postulado para el Premio Nobel de la Paz por anteriores laureados como Oscar Arias, Maireal Carrigan y Desmond Tutu.

Los principios Arcos incluyen entre sus fines el establecimiento de un estado de derecho, debido proceso legal y respeto por las convenciones de derechos humanos y laborales internacionales; utilización de prácticas justas de contratación, incluyendo contratación directa de trabajadores sin discriminación, respeto al derecho de los empleados a organizarse libremente en el centro de trabajo y de escoger un sindicato independiente para que los represente en las negociaciones con la administración. La adhesión a los principios Arcos sería una manera efectiva de promover el desarrollo de una emergente clase de trabajadores y promovería medios no violentos para facilitar un cambio democrático.

La delegación de la Asociación de Antiguos Miembros del Congreso que visitó Cuba el año pasado recomendó al gobierno de Clinton que presionara a la Unión Europea para que adoptara los principios Arcos en 1997.

Apoyo a los principios Arcos ha venido de grupos tan diversos como Pax Christi y la Alianza Atlántica, así como de organizaciones laborales y de derechos humanos tales como la Sociedad Internacional de Derechos Humanos, el Comité Cubano pro Derechos Humanos y Solidaridad de Trabajadores Cubanos, entre muchas otras.

El Grupo de Trabajo de la Disidencia Interna, actualmente encarcelado, emitió un llamamiento a los inversionistas extranjeros para que observaran los principios Arcos.

En julio, el Comite Norte Americano, un influyente grupo que comprende importantes dirigentes empresariales, sindicales y académicos de Canadá, México y Estados Unidos, presentó un grupo de principios para la participación del sector privado en el problema cubano muy similar a los principios Arcos.

Parece una estrategia lógica que los gobiernos europeos y latinoamericanos se pongan de acuerdo con Estados Unidos para informarle al gobierno cubano que de ahora en adelante sólo contratarán y pagarán personal cubano directamente a través de sus sedes diplomáticas y no a través de Cubalse u otra agencia gubernamental.

Hoy existen grandes inversionistas de Canadá, Chile, Israel, Italia, España y el Reino Unido, países que han tomado posiciones enérgicas en relación con los derechos humanos y laborales en Cuba.

¿Qué están esperando para aplicar los principios Arcos?

Economista cubanoamericano que vive en la zona metropolitana de Washington, D.C.