LA
CONFESIÓN
RESEÑAS
PARA LA REVISTA “SigloXXI”, martes 6 de Febrero del año 2001 Hace
muchos años cuando leímos el libro “La Confesión”, del disidente
checo Arthur London, pudimos
entender mejor aquellos espectáculos repugnantes a que nos tenían
acostumbrados los regímenes estalinistas, en cuanto a las
autoinculpaciones publicas de las víctimas inocentes del terror gubernamental, como eslabones fundamentales para
el encadenamiento y el control a traves del panico generalizado de las sociedades sometidas al comunismo. Ahora,
con la máquina del tiempo siempre caminando hacia el pasado, Fidel
Castro acaba de montar otro de esos “shows de la infamia terrorista de
su sistema”. Esta vez los
chivos expiatorios han sido los dos activistas de derechos humanos
checos Ivan Pilip y Jean Bubenik, quienes permanerieron largos dias como
rehenes del regimen castrista. Como
todo el mundo sabe hasta la saciedad, ninguno de esos dos asistentes
humanitarios que trataban de prestar Auxilio e intercambiar ideas con
sus colegas cubanos, había cometido el mas pequeño de los delitos, si
nos atenemos a las normas de procedimiento penal que en nuestra epoca
rigen la jurisprudencia en el mundo civilizado. Sin
embargo, mediante la extorsión, Fidel Castro obtuvo una confesión de
culpabilidad y una
declaración de arrepentimiento de esos dos buenos amigos checos, Jan
Bubeninik e Ivan Pilip. A
pesar de que sentimos angustia por
ese gesto de contrición forzada de dos personas honradas, que lejos de cometer algun delito, lo que hacian era una
encomiable labor para el benificio social del pueblo cubano,
que merece ser premiada algun día, sin embargo, consideramos que
nuevamente Fidel Castro tendra que pagar un altísimo precio en capital
político, por esa fechoria de secuestrar ciudadanos de bien,
para exigir rescates en el terreno de infundir el pavor en otros
posibles viajeros, que
tuvieran planes de ir a cuba para respaldar a la disidencia. De
cualquier manera, Castro no va ni por asomo a impedir que la solidaridad
internacional para con el movimiento pro derechos humanos de cuba siga
creciendo, y multitud de otras personas dignas de todo el orbe vayan
a Cuba para prestar ayuda a todos aquellos ciudadanos que
practican la desobediencia civil frente a leyes injustas, que están
copiadas de los protocolos
del estalinismo sovietico. Por
otra parte, entiendo que de esas
confesiones y de esos arrepentimientos extraidos por la fuerza represiva
de los checos Ivan Pilip y Jan Bubenik, también nuestro movimiento de
oposición civilista puede impartir una
leccion de coraje y
de resistencia extraordinaria. |