Antecedentes
A partir de enero de 1959, las rencillas por el poder entre las organizaciones que habían luchado contra Batista, no se hicieron esperar. Independiente de sus orígenes políticos, no pocos vistieron el uniforme verde olivo y reclamaron un lugar en la nueva organización militar que se gestó. A medida que se consolidó el socialismo en Cuba, el Ministerio de las Fuerzas Armadas (MINFAR) nacido del fidelismo más profundo -el Ejército Rebelde-evolucionó hacia la sovietización, la formación y asesoría de la oficialidad pronto pasó a ser soviética. El Ministerio del Interior (MININT), con el apoyo de las relaciones permanentes del Partido Socialista Popular (PSP) con el Soviet Supremo de la URSS, surgió asistido por la KGB, y evolucionó hacia el fidelismo[1].
El análisis de los orígenes y evolución de estos dos ministerios, de los antagonismos entre ambos, y de la procedencia política de los oficiales de sus respectivos estados mayores, provee un entendimiento sobre el desarrollo de las principales tendencias políticas dentro del gobierno cubano. El balance de las tendencias entre los militares es vital para garantizar la lealtad de la oficialidad al «Comandante en Jefe» y mantener bajo control a los cuerpos armados, en el sentido más amplio del término.
La identificación y apoyo a la Revolución y a las medidas revolucionarias se ha logrado a través de la participación de la población civil en las estructuras militares, modificadas y adaptadas, según las necesidades de control social en cada situación histórica específica.
En 1959, los que no habían participado directamente en la lucha contra Batista, debieron demostrar su apoyo a la Revolución incribiéndose en las Brigadas Estudiantiles Universitarias «José Antonio Echevarrría» (BEU), si era estudiante universitario, y en las Milicias Nacionales Revolucionarias (MNR) [2], todo hombre o mujer, mayor de 14 años de edad, que estuviera dispuesto a defender, con las armas en la mano, «la independencia de Cuba» contra los «enemigos», internos y externos. Ambas instituciones dependían del Ejército Rebelde.
Con las BEU y las MNR se inició la organización, neutralización y control de la población civil, bajo disciplina militar. Había interés especial en los universitarios: sector con prestigio político histórico y alta capacidad de reflexión, que esperaba del nuevo orden la restauración y respeto de la autonomía universitaria y garantías necesarias para la libre participación en la política nacional.
La delicada situación que se vivió en octubre de 1962, durante la Crisis de los Misiles, fue otro momento de movilización militar total de la población civil. La propaganda oficial centró la atención en el diferendo Cuba-Estados Unidos y obvió el alcance internacional de la crisis.
Entre 1963 y 1965 las actividades militares masivas de la población civil se redujeron a las guardias realizadas en los centros de trabajo, y a las movilizaciones de determinados grupos (jóvenes en su mayoría) para la «Lucha contra Bandidos», en particular, la «Limpia del Escambray».
Se observa en el grupo de poder cierta regularidad de procedimiento en la lucha contra la oposición activa: se combinan acciones demagógicas populistas con formas de represión extremas. Por ejemplo, reforma agraria, rebaja de alquileres, campaña de alfabetización, reconocimiento del salario histórico y «pleno» empleo, con fusilamientos y sentencias a largos años en prisiones de extrema crueldad. Escala salarial según calificación del trabajador, ampliación del acceso a la educación y campañas masivas de vacunación a la población infantil, con lucha contra los alzados (fusilamientos in sito y traslado forzoso de las familias del Escambray hacia la zona occidental del país).
En 1966 aparece en el discurso político del «Máximo Líder» la definición de la construcción paralela del socialismo y el comunismo, el país comienza a preparar la zafra de los diez millones, y se reanima la preparación combativa de los milicianos, especialmente en las universidades. En La Habana se revitaliza el Batallón de la Milicia Universitaria y se crea la cátedra militar.
En esa ocasión, la vuelta al militarismo popular está mezclada con acciones de política interna y externa. La consolidación del estado totalitario en Cuba (marzo, 1968) coincide con el auge de la influencia cubana en las guerrillas de América Latina, el movimiento de los No Alineados, la Conferencia Tricontinental, la fundación de la OSPAAAL, la OLAS, la OCLAE.
Después de la extinción de la guerrilla boliviana, la muerte del Che Guevara (octubre, 1968) y el fracaso de la zafra de los 10 millones (1970), se procedió a la institucionalización de la revolución. Se organizó el I Congreso del Partido (diciembre, 1975), en el que se adoptaron nuevas estructuras de gobierno y se acordó el primer plan quinquenal de desarrollo socio económico (1976-1980). En esa etapa la movilización militar de la población civil disminuyó en intensidad y devino en rutina.
En los años ochenta, en el momento de la mejoría económica, el auge del mercado libre campesino, la cierta liberalización del mercado estatal, la apertura de los viajes familiares a los Estados Unidos, se produjo una nueva reactivación y exigencia de militarización de la población civil. La inscripción en una organización de corte militar como las Milicias de Tropas Territoriales (MTT), variante de las primeras milicias (MNR), fue la nueva prueba de fidelidad a la revolución exigida al pueblo, en primer lugar, a la militancia del Partido y la juventud comunista, con el mismo pretexto y las palabras de siempre: «nunca antes la defensa de la patria socialista y la seguridad nacional han estado en peligro de ataque más inminente por el imperialismo yanqui que ahora»(sic).
La población civil se comenzó a movilizar bajo el lema de Listo para la defensa y en los organismos de la administración central del estado e instituciones de ámbito nacional, se creó el Departamento Uno. ¿Qué importancia podía tener esta nueva orientación de control militar? ¿Acaso no era el mismo perro con diferente collar? Obviamente, no.
El MININT, además de las tradicionales funciones de su competencia, en 1986 había logrado un control de la sociedad casi absoluto. A nivel de comunidad, apoyado en los Comité de Defensa de la Revolución (CDR). En los centros de trabajo y estudio, comprometió a la militancia del Partido y de la juventud, como cuestión de principio.
La estrategia de control social del gobierno cubano concibe cada centro de trabajo y estudio como un objetivo de atención para la seguridad del estado. Toda la estructura del Estado está reproducida en la contrainteligencia cubana del MININT. Para cada ministerio, dependencia, organización de masas, etc., hay un oficial que contacta, sistemática y establemente, con el jefe del organismo, el secretario del núcleo del partido y el responsable del secreto estatal. El control también abarca a ciertos trabajadores del centro, a quienes se les recluta uno a uno y en forma directa. Nadie debe saber quiénes son los informantes del MININT en el centro de trabajo o estudio, ni siquiera el jefe administrativo ni los dirigentes políticos, porque ellos también son vigilados. Algunos tratan de adivinar quiénes son por la manera en que se expresan. Los íntimos se lo comunican entre sí, sin que el oficial del MININT lo sepa.
A lo anterior se suma la «Red de recogida de opinión del pueblo» -paralela a la del Equipo del mismo nombre del Comité Central del Partido- que diariamente procesa y sirve de termómetro del estado de ánimo de la población. Ese equipo de investigación social, política y económica, incluye a profesionales civiles, especialistas en las diversas esferas del conocimiento científico y técnico, para analizar la información. Son reclutados en las universidades, institutos de investigación, organismos, etc. La información de la opinión pública nacional que diariamente recibe el Ministro del Interior en funciones, es la más confiable. Hasta las causas No. 1 (Ochoa-La Guardia) y No. 2 (Abrahantes) esa información se tramitaba sin censura interna. Los informantes decían lo que oían y daban sus opiniones. Gran parte de los informes eran sobre las insuficiencias y deficiencias de las administraciones de los centros de trabajo y estudio. A nivel de la contrainteligencia se iba nutriendo un expediente que se mantenía oculto hasta el momento que fuera «políticamente necesario», por ejemplo, decidir cambios institucionales, una nueva estructura, la sustitución del jefe del organismo, etc.
El Ministro del Interior en funciones recibe la información internacional propia de su cargo y -en el caso cubano- en coordinación con el Departamento de América del Comité Central controla el alcance de la influencia de Cuba y las relaciones con los países del continente, especialmente, con Estados Unidos. Cuando se puso en marcha el «Proceso de rectificación de errores y tendencias negativas» (1986), la perestroika y la glasnost comenzaron a ser objeto de conversación cotidiana entre la población -militantes y militares incluídos. Se resquebrajó el control y los mecanismos de movilización interna.
Después de 1986 la tramitación de la información que recibía y generaba el MININT, quedó a discreción del Ministro del Interior -José Abrahantes-, quien cada día ampliaba más su radio de acción y control, y aumentaba los recursos que manejaba en moneda dura a través de las «coorporaciones» [3].
En 1988 se activó el plan Listo para la Defensa, bajo la dirección del MINFAR. Fue el antídoto de Castro para limitar y protegerse del poder que estaba cobrando el MININT, a partir de la estrategia que él mismo había trazado. Estar «listo para la defensa» es una distinción que se otorga por «etapas» a los centros de trabajo y territorios político administrativos (provincias, municipios, regiones y zonas) que cumplan determinados requisitos: todos los trabajadores (y estudiantes según el centro) deben estar inscritos en una organización o institución millitar definida y tener constancia de ello en el carnet de identidad. Como parte del plan de defensa, se imparten sistemáticamente clases, charlas, conferencias sobre preparación combativa al colectivo de trabajadores. Se controla la asistencia. En las clases se da especial atención a la explicación y asimilación del Sistema Unico de Exploración de la República de Cuba (SUERC) [4], con el objetivo de convertir a la población en centinela y concientizarla que su vida cotidiana es objeto de observación militar permanente.
El MINFAR controla la actividad estatal civil a través del Dpto. Uno, cuyo jefe recibe órdenes del Estado Mayor. El Dpto. Uno centraliza la documentación clasificada y accede a los archivos de personal y cuadros de los centros de trabajo y estudio. Para determinar si un centro está listo o no para la defensa, el jefe del Dpto. Uno y el jefe del organismo -o el funcionario designado por éste- asisten a reuniones convocadas por el Estado Mayor del MINFAR, en las que se explica uno a uno los pasos a seguir. [5] Deben presentar los documentos específicos pertinentes y preparar una exhaustiva explicación, por escrito y verbal, de la actividad de su organismo, para que los oficiales del MINFAR se puedan «compenetrar» mejor con las instituciones civiles que asesoran militarmente.
Cuando ocurrieron los sucesos del verano de 1989, los dos ministerios militares tenían sus propias vías de control sistemático de la actividad estatal civil. El MININT además tenía acceso directo a fuentes económicas y políticas internacionales. Después de la causa seguida contra Arnaldo Ochoa y Antonio de La Guardia, el MINFAR concentró el control social y dirigió la intervención y desestructuración del MININT, obviamente, bajo la tutela del «Comandante en Jefe». La militarización del control social y la exigencia a la población de participar en organizaciones y actividades militares, tiene inhibida y solapada la participación de la SC.