Introducción
En el estado moderno, la condición gregaria del ser humano impone un conjunto de normas de convivencia y participación, directa o indirecta, que se expresan en las organizaciones, asociaciones y agrupaciones, oficialmente reconocidas, las oficiosas y las autónomas. En este trabajo se le llama sociedad civil (SC) a esas normativas y modalidades de participación.
Toda sociedad necesita de control social por razones de orden y armonía. Los principios y objetivos del sistema socio político son consecuentes con la manera en que el grupo en el poder ejerce el control social, y establece la relación voluntaria o impuesta entre los representantes del estado y los diferentes grupos y subgrupos que componen la SC.
En las sociedades abiertas y democráticas, la relación se logra por negociación y balance entre los grupos en el poder y sus opositores. Las partes interesadas debaten y negocian hasta llegar a un acuerdo o pacto en favor de intereses particulares y de cambios que promueven el desarrollo de la nación. En las totalitarias se impone el criterio del grupo en el poder y las decisiones se toman en función de mantener la permanencia y estabilidad política.
Las tres grandes esferas del pacto social son: la económica, la política y la social. El contenido del pacto depende del tipo de sociedad y de la importancia estratégica coyuntural que tenga una esfera específica, para mantener el status quo del poder. Lograr un pacto social con un equilibrio proporcional entre las esferas económica, política y social, sigue siendo la máxima aspiración de los movimientos y cambios de la sociedad contemporánea.
Para controlar la ejecución de dicho pacto, el grupo en el poder necesita de una estructura institucionalizada o en vías de institucionalización. Esa estructura distingue las sociedades entre sí, y se modifica y adapta según las exigencias del desarrollo socioeconómico.
La estructura de control del pacto exige consenso y un determinado grado de represión para mantener el orden, y la armonía. Cada grupo en el poder diseña su propia estructura y da mayor o menor importancia al aspecto represivo, en dependencia de su proyecto socio político. En el totalitarismo el Estado asume el monopolio de la violencia como vía de supervivencia y reafirmación.
La actual crisis de la sociedad cubana no comenzó con la caída del campo socialista. El socialismo real en Cuba se ha caracterizado por una ambivalencia política permanente, basada en el control militar de la sociedad civil según convenga a la élite de poder, lidereada por Fidel Castro. Los militares salen de los cuarteles para «cumplir y hacer cumplir las orientaciones», cuando se necesita que la decisión «de arriba no se puede cuestionar». Por ejemplo, la zafra de los 10 millones (1970), la constitución de la Asamblea Nacional de los Poderes Populares (1976), la creación de las empresas mixtas (1986), la neutralización y desestructuración de la influencia política y económica del MININT (1989). Regresan a sus cuarteles en los períodos en que se gestan nuevas decisiones de control. La «normalidad»produce el espejismo de ciertas libertades: económicas (tímidas modalidades de economía de mercado) e intelectuales (intercambios culturales y académicos con el extranjero). Ese estira y encoge de la militarización de la sociedad cubana es parte de la estrategia que mantiene el poder actual.
Este trabajo presenta las estructuras y mecanismos de poder para ejecer el control social en Cuba, a través de las organizaciones de masas. La lógica de la exposición se basa en experiencias profesionales y personales, enfocadas y organizadas como observación participante, en un intento por entender la sociedad cubana en la etapa de la revolución.