DIA
DE NAVIDAD
CONSIDERACIONES
PARA LA REVISTA “Siglo XXI”, del jueves 21 de diciembre del año
2000 En esta celebración de la Navidad nos parece
oportuno subrayar que, de
la misma forma en que el Cristianismo proclamó la igualdad de los todos
los seres humanos ante Dios, una de las grandes virtudes de la Declaración
Universal de Derechos Humanos es, haber
elevado a la categoría de Derecho Internacional
el principio de la igualdad de todas las personas ante la Ley,
ante el Estado y ante cualquier tipo de autoridad que ejerza poderes. Jesucristo proclamó la posibilidad
que tienen todos los
individuos de ser salvados. Por
su parte, la Carta de los Derechos del Ciudadano establece la facultad
que tienen todos los humanos , sin distingos de clase social, de opinión
política o posición ideológica, de creencia religiosa, de origen
nacional, de sexo, de raza, de edad y de afiliación a partidos u
organizaciones de tipo alguno, de ser tratados con igual justicia ante
la ley. El comunismo llegó a esta tierra anunciando y
haciendo diametralmente
lo opuesto a este basamento cardinal del cristianismo y de los
derechos humanos. El
marxismo-leninismo, y por ende Fidel Castro, llegaron al poder
supuestamente para situar a lo que ellos llamaron "el
proletariado”, y subsiguientemente,
a los militantes proletarios del partido comunista,
por encima de los derechos de todo el resto de la sociedad. De la Revolución Soviética de Octubre en adelante,
y en Cuba, desde el triunfo castrista de l959, una muy reducida casta de
jerarcas comunistas se colocaron por encima de la ley, para gozar de
privilegios de autoridad y de impunidad ante la comisión de delitos, que ha alcanzado niveles de abusos ni siquiera soñados en la
Isla de Cuba en los tiempos de la dominación colonial española. Para los partidos comunistas, la única persona de
valor y con todos los derechos es su jefe máximo. Después, descendentemente, disponen que su jefatura partidaria posea algunos derechos, siempre que
estos coincidan con los intereses del caudillo.
Mas tarde, a los
militantes de sus filas los
presentan como a una especie de seres superiores al resto de los
mortales. Sin embargo, para los integrantes de las clases que
los comunistas califican como “enemigas del proletariado y de su
partido”, como son los propietarios
de cualesquiera bienes productivos , sean estos
los campesinos con sus tierras, o los que tratan de implementar
cualquier iniciativa económica privada; conjuntamente con los creyentes
religiosos que se oponen al materialismo vulgar del marxismo; en compañía
de los politicamente indiferentes y, muy en especial, incluyendo a los
opositores abiertos a sus dogmas, para esos
no existe ni el mas elemental de los derechos, ni
hay igualdad alguna en la sociedad. Para los enemigos y los marginales del comunismo lo
único que está reservado es la
condición de parias sociales, la ignomía y el insulto permanente,
la discriminación mas atroz ante la ley y ante todos los órdenes
de la vida nacional,y, en verdad, el fuego aniquilador de la guerra
sucia y por todos los medios, para al final borrarlos de la faz
del planeta. Frente a esta pesadilla de horror, el movimiento de
derechos humanos celebra el advenimiento del cristianismo como la fuente
de todas las justicias. Gloria
a Dios en Las Alturas. |