CARLOS
QUINTELA
OPINIONES
DE LA REVISTA “Siglo XXI”, Carlos Quintela hasta la hora de su muerte fue el
disidente y el amigo fraterno por antonomasía.
Al igual que muchos otros líderes revolucionarios, que muy
temprano en los años sesenta, rompieron con Fidel Castro y con el
Partido Comunista, Carlos Quintela actuó contra todos sus intereses
materiales y pasó a formar parte de las filas de la oposición civil al
regimen castrista. Decoro por el que tendría que pagar altísimos
costos en agresiones y sufrimientos. Mientras la mayoría de sus compañeros de luchas políticas,
a pesar de sentirse horrorizados por las atrocidades de Fidel Castro,
sin embargo acataron la ideología y los mandos oficiales, Carlos
Quintela, al igual que Adolfo Rivero, que Sixto Quintela, que Rosa
Berri, que Eurípides Núnez, que Enrique Hernández Méndez, que Ramón
Calcines, que José Solís, que Anibal Escalante, que Inaudis Kindelán
y que decenas de otros precursores de la batalla disidente de las ideas
en Cuba, tomaron el camino del enfrentamiento abierto contra la
ignominia. De la misma manera en que, desde otras riberas filosóficas
y estratégicas, lo habían hecho antes Húbert Matos, Manuel Urrutia, Mario Chanes de Armas, Pedro
Luís Boitel, Humberto Sorí Marín,
David Salvador, Rolando Cubelas, Ramón Guín, Elena Mederos,
Gustavo Arcos Begnes, Marta Frayde, Jesús Yánez Pelletier, y multitud
de otras figuras de las lides revolucionarias. Desde aquel entonces, Carlos Quintela representó uno
de esos centros pensantes de la resistencia civil al Castrismo que,
a partir de los años 70 comenzarían a constituírse en
organizaciones para la defensa de los derechos humanos. Cuando Carlos Quintela, José Solís, Rosa Berri y
otros amigos de esa generación salieron al exilio, de inmediato
comenzaron a recabar apoyo para el movimiento de derechos humanos y pro
democracia y, de manera especial, para los que estábamos en el presidio
polítco por batallar a favor de esos principios. Ellos comenzaron esa
larga tarea de explicar en el destierro patriótico cubano,
sobre la legitimidad de ese nuevo tipo de resistencia cívica,
que se había inaugurado en Cuba con la aparación de la disidencia
organizada. A la hora de su desaparición física, Carlos
Quintela se marcha con la satisfacción del deber cumplido. La desobediencia civil y opositora a Fidel Castro se ha ido
haciendo un acontecimiento irreversible de la realidad política
cubana dentro de la Isla, y entre los exiliados cada día gana mas en
repaldo solidario. Precisamente, el valiente llamamiento al Pueblo de
Cuba para que sea protagonista de su futuro democrático, efectuado por
el Movimiento Cristiano Liberación, y firmado por Oswaldo Payá Sardiñas,
es difundido a toda la opinión pública y recibe apoyo internacional en
los mismos momentos en que Carlos Quintela fallece. Durante este bregar por el retorno de un estado de derecho garante de las libertades públicas de la sociedad cubana han perecido miles de sus activistas en todas las vertientes de lucha. Carlos Quintela es uno de ellos. Pero entre las filas de los perseverantes eternos en la Isla y en el exilio, y entre los que cada día se suman a estas vanguardias, hay decenas de miles que defienden sus mismos valores. |