EL SIGLO XXI ES LA CENTURIA DE LOS DERECHOS HUMANOS

NOTAS DEL PRESENTE PARA LA REVISTA “Siglo XXI”, del miércoles 3 de Enero del año 200l

El Siglo XXI tiene por delante el reto de enfrentar con decisión el problema de la impunidad de los crímenes políticos como instrumentos de dominación, que han sido la constante al uso en toda la historia de la civilización.  En tal sentido la segunda,  y otra vez,  aplastante derrota electoral del ex Comisario Comunista Yugoslavo Sloboban Milosevic,  es un buen augurio para ese imperio de la justicia de que hablamos. Desde este ángulo, esperamos que en el año 200l se pueda en Cuba abrir el proceso judicial por el asesinato de aquellos ciudadanos,  indefensos,  que intenban huír en el remolcador “l3 de marzo”, hecho sin lugar a dudas que fue órdenado por Fidel Castro.

Porque, no se puede hablar de Derechos Humanos, de la misma manera que es imposible tratar sobre las aspiraciones a un ordenamiento democrático de la sociedad y, así mismo, es inutil concebir proyectos  de libertades políticas o  preparar planes de bienestar y prosperidad económica, si la ciudadanía de un país no está convencida de que sus vidas e integridad física y moral no están sujetas a la voluntad personal de un dictador y de una camarilla de jerarcas que, sencillamente, cometen cuantos abusos de poder y cuantas atrocidades sean necesarias en aras de perpetuarse en los mandos.

Cuando el movimiento de derechos humanos de Cuba llevó a cabo sus primeros pronunciamientos públicos, la aspiración inicial  que proclamamos fue la de promover el tránsito de la Nación hacia la vigencia de lo que se denomina “UN ESTADO DE DERECHO”, es decir, la promulgación y el respeto integral de un sistema de leyes, de igual cumplimiento por parte de todas las personas, que garantice a todos los ciudadanos  el derecho a la vida y a las libertades individuales inalienables, que ningún líder pretendidamente mesiánico, ni ningúna ideología, partido político, o fanatismo de tipo alguno, pueda coartar y poner en peligro.

En estos mismos momentos, la población cubana está presenciando un bochornoso espectáculo de sometimiento y servilismo sin límites a la figura de Fidel Castro y de la mandancia comunista de la Isla, que en medio de un frenesí demencial,   convierten a todos los medios de comunicación social de la Isla en sórdidos instrumentos de adoración a la tiranía de la ilegalidad y de la arbitrariedad sin límites.

La propuesta para  la instauración de un estado de derecho que devuelva la autogestión y el decoro al ciudadano común, que debe ser el protagonista principal de la vida nacional, prosigue siendo el tema central de toda la oposición civilista cubana.

Por todas estas razones, cada activista de derechos humanos debe ser visto como un defensor de la justicia, y un luchador contra la impunidad de quienes cometen crímenes contra la ciudadanía. Eso sí, en modo alguno se trata de venganzas, ni de revanchas de ningún tipo.   

Nuestras organizaciones de derechos humanos defienden la tolerancia frente a los criterios discrepantes.  Nuestro ideario aspira a la reconciliación por sobre las disputas estériles que han dividido y desolado a la sociedad cubana. Pero, entiéndase bien, los crímenes son intolerables y deben ser eliminados de los quehaceres políticos,  a través de un riguroso sistema de justicia independiente.