LA HABANA, Cuba, septiembre 2007 www.cubanet.org
Jamás uno de los periodistas que integran la
prensa independiente cubana ha sido llamado por
el máximo líder del país para conversar
ampliamente en una entrevista, al estilo de las
de Ignacio Ramonet, Gianni Miná, Frei Betto o
Tomás Borge. Todo lo contrario. Hemos sido
reprimidos por orden del máximo líder, ofendidos,
difamados, encarcelados y desterrados del país.
Él, que se valió de la libertad de prensa para
publicar sus arengas políticas y se dejó
entrevistar por cualquiera que se lo pidiera
allá por los años cincuenta. Pero ya en el poder,
Fidel Castro nada ha querido hablar con los
periodistas independientes, que suman más de
sesenta en la actualidad, a pesar de que -pruebas
hemos tenido-, nos lee. Gracias por mi parte.
Es por eso que hoy he querido entrevistar a
Fidel. Sí, hacerle desde lejos, una entrevista
exclusivamente personal.
Preguntarle, por ejemplo, por qué llamó "partido
de bolsillo" al Partido Pro Derechos Humanos de
Cuba en 1988, fundado hacía sólo seis días por
un hombre de pueblo, Ricardo Bofill Pagés;
partido del cual yo era la Secretaria General y
con una nutrida membresía proveniente del mismo
pueblo.
Preguntarle por qué mandó a que me llevaran de
cabeza a un calabozo, entre asesinas, sólo
porque nuestro Partido había solicitado una
consulta popular para saber si el pueblo quería
el socialismo o no, a través de firmas recogidas
en La Habana y en otras provincias del país,
cuando Fidel Castro, en sus Documentos para la
Historia, escritos el 14 de diciembre de 1957,
estaba de acuerdo en celebrar elecciones libres
con todos los partidos y regirse por la
Constitución de 1940.
Preguntarle por qué cuando le dijeron que a mi
salida de la prisión, en noviembre de 1989, el
PPDHC se reorganizaba y continuaba con la
recogida de firmas para el mencionado plebiscito,
decidió, muy enojado, encarcelarme otra vez
durante seis meses en las celdas tapiadas de la
Seguridad del Estado, organismo que él
personalmente ha dirigido. Allí me torturaron
psicológicamente, me amenazaran con el
fusilamiento, acusada del supuesto delito de
rebelión. Cuando él se encontraba en la Sierra
Maestra pedía ayuda a todos los partidos y
organizaciones del exilio y de la Isla.
Son preguntas que me gustaría que el señor Fidel
Castro me respondiera. ¿Es que temía que un
partido pacífico pudiera derrocar a su dictadura?
¿Es que acaso nos sintió tan fuerte como Mahatma
Gandhi? Y una última pregunta: ¿Por qué
encarcela hombres sólo porque quieren escribir
libremente, si él pudo escribir en la prensa
durante la dictadura de Batista?
Si yo pudiera entrevistar a Fidel le haría
tantas preguntas como quejas tiene de su
revolución el pueblo cubano y un exilio de casi
tres millones de personas. ¡No tendría para
cuándo acabar! Pero el viejo líder no está bien.
No es correcto hacer leña del árbol caído.
Tendré que esperar otra reencarnación para
entrevistarlo, cuando él sea un escritor de
novelas, como es su deseo, y yo una periodista
independiente, siempre a la caza de injusticias
sociales, si es que tengo la mala suerte de
coincidir con él en el mismo sitio geográfico.
