Tomado del documento "Indagación y notas provisionales sobre el Tomo II de La Fisura de Reinaldo Bragado Bretaña"
Estas notas parciales fueron redactadas en 1991 con el propósito de registrar algunas de las actividades del Movimiento Cubano de Derechos Humanos.
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Ricardo Bofill Pagés Presidente fundador del Comité Cubano Pro Derechos Humanos |
En todos los textos y los pronunciamientos del CCPDH de aquellos primeros años se califica al comunismo y al socialismo marxistas como a una suerte de “especulación de ingeniería social contra natura, fundada sobre presupuestos de odios y revanchas, que dividen y aniquilan por completo a la sociedad civil y a las normas de vida civilizada, hasta llegar a la destrucción del seno familiar...
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Ricardo Bofill Pagés |
El objetivo primero que propició la fundación del Comité Cubano Pro Derechos Humanos, así como el de algunas agrupaciones contestatarias originales que surgieron del CCPDH, al estilo del Partido Pro Derechos Humanos de Cuba y de la Asociación Pro Arte Libre, fue el de demostrar ante la opinión pública, —con evidencias y pruebas documentales y orales presentadas dentro de la Isla— que el Castrismo y el socialismo habían transformado a la nación en un campamento militar, bajo un estado de ley marcial permanente, todo ello basado en un crudo orden de terrorismo policial y de manipulación propagandística, cuyos objetivos y tareas fundamentales siempre estuvieron encaminados a perpetuar el poder omnímodo de Fidel Castro y de la nomenklatura oficial sobre la ciudadanía cubana.
Como alternativa de esta realidad, el Comité Cubano Pro Derechos Humanos redactó varios documentos reclamando el tránsito a una República orientada por un Estado de Derecho Democrático, cuya ley fundamental incluyera como prelegómenos a los treinta artículos de la Declaración Universal de Derechos Humanos. De esta forma, encaminamos los pasos de nuestra pequeña agrupación al desmantelamiento de todos los aspectos del castrismo.
El sistema de denuncias que, a cara descubierta, el CCPDH instauró frente a los atropellos y a las atrocidades del Castrismo contra las libertades públicas y las garantías individuales, desde el principio estuvo dirigido a demostrar que todos los sistemas de justicia en el territorio nacional habían sido trocados en brutales instrumentos de venganzas políticas.
De esta forma, los informes del Comité, - redactados a partir del estudio de las copias de las sentencias o de descripciones de los hechos facilitadas por los familiares de las víctimas- , enfocaron los fusilamientos en Cuba a manera de crímenes políticos y de vulgares ajustes de cuentas , cometidos como parte del engranaje de la maquinaria de control social del estado totalitario.
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Con este enfoque dado a los reportes divulgados sobre las ejecuciones de reos potencialmente inocentes, como fueron los fusilamientos de los tres hermanos Ciprián García Marín, Ventura García Marín y Eugenio García Marín; así como ocurrió con los casos de Ramón Vera Chaviano, Ramón Toledo Lugo, Omar Villavicencio, Armando Hernández, Emilio Reloba Carduliz y otras docenas de individuos virtualmente asesinados para dar escarmientos e infundir el pánico, el Comité Cubano y sus aliados –dentro y fuera de Cuba- lograron expulsar a Fidel Castro del estrado de los acusadores que ocupaba ante la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, y lo sentaron en el banquillo de los acusados de este foro ginebrino por violar, como política de estado, el derecho internacional humanitario.
Sin ambages de tipo alguno, el Comité Cubano en todo momento ha tratado de establecer en su discurso público, el hilo conductor de la conducta gangsteril de Fidel Castro, desde los días en que participó en las conspiraciones para asesinar a Manolo Castro y a Oscar Fernández Caralt, en la Universidad habanera de los año cuarenta; pasando por los crímenes como el cometido por viejas rencillas hamponescas contra Evaristo Venereo y otras personas secuestradas en la Sierra Maestra; incluyendo las muy sospechosas muertes de los Comandantes Víctor Pena, Camilo Cienfuegos y Manuel (Piti) Fajardo; así como las del General José Abrantes, Aníbal Escalante, René Rodríguez Cruz, Osvaldo Dorticós Torrado, Manuel Piñeiro Losada, Alberto Mora y otros.
El CCPDH acusó en l980 a Fidel Castro de haber ordenado el hundimiento de un barco de recreo atestado de niños, en la desembocadura del Río Canímar, en la Provincia de Matanzas, catástrofe en la que probablemente perecieron hasta 60 seres inocentes.
En esta oportunidad las indagaciones del Comité establecieron que, en las tres horas que demoró las persecución para frustrar el desvío hacia La Florida de aquella fatídica embarcación y, después de la indecisión de los mandos intermedios a cumplir por su cuenta las instrucciones para impedir ese tipo de fugas, las únicas personas que podían haber dado la orden para hundir esa nave eran Fidel Castro, o aquellos de su íntimo círculo represivo, como el Ministro del Interior de aquel entonces, Ramiro Valdés, el Jefe del G-2 José Abrantes, u otros de esa investidura policiaca.
Utilizo estos ejemplos para ilustrar la postura frente al sistema comunista y su jerarquía cubana del Movimiento de Derechos Humanos y disidente de Cuba, en su era príncipe de fines de los años setenta y de la década de los ochenta, para establecer varias de las características que lo diferencian de sus colegas de la Europa Central y del Este.
En todos los textos y los pronunciamientos del CCPDH de aquellos primeros años se califica al comunismo y al socialismo marxistas como a una suerte de “especulación de ingeniería social contra natura, fundada sobre presupuestos de odios y revanchas, que dividen y aniquilan por completo a la sociedad civil y a las normas de vida civilizada, hasta llegar a la destrucción del seno familiar”. (Cita extraída de un informe del CCPDH a Amnistía Internacional de l977, denunciando la condena a 29 años de cárcel de uno de sus dos fundadores originales, la Dra. Marta Frayde.)
Con estos principios capitales, que suscribimos en los albores del Comité Cubano Pro Derechos Humanos, cerramos las puertas a cualquier variante de “castrismo reformado”, de “socialismo con rostro humano”, de “revolución rescatada de sus desviaciones comunistas y despóticas”, de “socialismo de mercado”, de “institucionalización democrática y legalista del Gobierno Revolucionario”, o de otros perfiles de legitimización de la visión del estado como monopolizador del ordenamiento social.
El ideario del Comité Cubano se cifró en el respeto integral de las libertades humanas, sumando el Derecho a la vida, a la libre expresión del pensamiento; a la facultad de libérrimo movimiento; a los fueros de la libertad de asociación, incluyendo la de los sindicatos y, muy en particular por lo raro en la idiosincrasia de los cubanos, el Derecho Inalienable a la Propiedad Privada, a la libertad de empresa, al libre comercio, a la tenencia, al traspaso, a la venta, a la inversión nacional y extranjera, al préstamo hipotecario sobre la tierra y para el fomento de todo instrumento de creación de riquezas.
Es decir, el Comité Cubano se atuvo a la letra, sin exclusiones, de los Derechos Civiles y Políticos y de los Derechos Económicos y Sociales, incluidos en la Declaración Universal de estos derechos aprobada por las Naciones Unidas el l0 de Diciembre de l948.
Nos declaramos herederos de las enseñanzas de José Martí, en especial en lo concerniente a que “la primera ley de la República sea el culto a la dignidad suprema del hombre”. También hablamos de las enseñanzas sobre Desobediencia Civil y Resistencia Pacífica de Martin Luther King, que declaramos como nuestra estrategia frente a las leyes injustas que coartan el ejercicio de los derechos soberanos de la ciudadanía en el País de los cubanos. Conjuntamente, citamos a la Declaración Francesa de los Derechos del hombre y del Ciudadano.
En su momento, además subrayamos nuestras coincidencias con la letra de la Declaración de Derechos del Pueblo Norteamericano que ha ido moldeando, no sin grandes contratiempos y hasta con retrocesos como en todo lo humano, la evolución hacia la prosperidad de la sociedad norteamericana.
Por estas razones en l979 , a través de la Srta. Bárbara Hutchinson, nos dirigimos al Presidente James Carter, para que Estados Unidos fuera el portador de nuestras denuncias sobre las violaciones de los Derechos Humanos en Cuba, con destino a su presentación ante la Comisión de Derechos Humanos de la ONU.
Así, una vez más, dábamos una clara señal de ruptura profunda con el orden político reinante en Cuba, echando a un lado el primitivismo en el decálogo “antiimperialista” criollo, que al parecer se heredó de los “guerrilleros mexicanos de Pancho Villa” y de las elucubraciones de Rudolf Hilferding, copiadas por V. I. Lenin y sus discípulos, sin olvidar las imbricaciones de algunas corrientes ideológicas del país con el radicalismo, supuestamente obrerista, del nacional socialismo alemán.
LA COMPRENSION DE LAS NOCIONES LIBERALES
Cuando formamos el Comité Cubano Pro Derechos Humanos en l976 no conocíamos de manera textual la obra de Friedrick Hayek, ni la de Karl Popper, tampoco la de V. Misses ni la de Milton Friedman.
Nuestra crítica teórica al comunismo provenía de reflexiones adquiridas con las lecturas de ensayos como “La Nueva Clase”, de Milan Djilas; el “Opio de los Intelectuales” de Raymond Aron; la “Autocracia en el Comunismo”, de L. Shapiro; “El Gran Viraje del Socialismo”, de Roger Garaudy”; “La Confesión de Arthur London”; “El Archipiélago Gulag” y otros libros de A. Soljenitsin. A su vez, leímos “La Decadencia del Movimiento Comunista Internacional”, de Fernando Claudín”; las biografías de Stalin y de Trotsky, de Isaac Deutscher; “La Tentación totalitaria” y otros escritos de J. F. Revel, de Isaías Berlín, de R. Conquest y muchos más de esta factura.
Al comunismo en Cuba lo conocimos en primera persona, sobre todo por aquella especie de “universidad de los horrores”, que padecí al ser arrestado por “propaganda enemiga y diversionismo ideológico” en l967, y ser condenado a doce años y cárcel e ingresar en el presidio político de Cuba en l968, a causa de mi participación en el proceso político disidente conocido como “La Microfracción”.
Con estos puntos de vista arraigados en las proyecciones que dieron lugar a la creación del Comité Cubano, no albergamos esperanza alguna de que en Cuba el patrón socialista pudiera ser reformado o mejorado. De hecho, para reafirmar estos criterios declaramos miembro de Honor del Comité al ex Comandante Ramón Guín, quien estaba en la cárcel por ser un militante anticomunista de la lucha armada contra Castro.
Cuando volvimos a prisión en l980, de inmediato hicimos contacto con Armando Valladares, en referencia al tema de las denuncias de los atentados contra los derechos humanos, y le hicimos saber de nuestra simpatía por su lucha de tantos años, y la de todo el presidio político cubano, por terminar con el totalitarismo en Cuba.
Algo similar llevamos a cabo con la figura Mario Chanes de Armas. Posteriormente, designamos a Ernesto Díaz Rodríguez como Vice Presidente del CCPDH, acción con la que quisimos destacar los méritos de este valiente luchador y, además, recalcar que aunque el combate bélico no era nuestro rumbo político, respetamos y consideramos hermanos a los que batallaron desde esas trincheras.
UN NUEVO CAPITULO
Cuando en l988 fundamos el Partido Pro Derechos Humanos de Cuba, como el ala política del CCPDH, lo definimos como un movimiento esencialmente anticomunista y dedicado a promover la economía de libre mercado en Cuba. Ya en estos tiempos sabíamos del Thatcherismo y, en especial, nos habíamos adherido desde dentro de Cuba al Reaganismo.
En l986 redacté una Carta Abierta al Presidente Ronald Reagan, felicitándolo por su apertura de las transmisiones de Radio Martí y por su adhesión a la causa de los Derechos Humanos en Cuba. También, le pedí al Presidente Norteamericano que su Gobierno presentara nuestras denuncias en Naciones Unidas, para que se solicitara una condena a Castro en la Comisión de Derechos Humanos . El contenido de esta misiva y el de la respuesta de Reagan a la misma, autorizamos desde dentro de Cuba que fuera publicado por la prensa de la época.
Ronald Reagan decidió acusar a Fidel Castro en Ginebra, y como resultado de estas gestiones, el 5 de Septiembre de l988 llegó a Ciudad de La Habana un equipo de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, encabezado por su presidente Alioune Sene.
De inmediato, se abrieron las audiencias de esta misión en el hotel Comodoro de la Capital y el Comité Cubano movilizó a más de l500 denunciantes, quienes no sólo confirmaron las alegaciones de crímenes políticos que por años habían confeccionado con destino a Naciones Unidas el CCPDH y otras fuentes, sino que aportaron nuevos elementos de enjuiciamiento contra el régimen castrista.
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El resumen de estas acciones se hizo patente el 2l de Febrero de l989, con el informe de casi 400 páginas, uno de los más extensos de la UNHRC, titulado “Consideraciones sobre el reporte de la Misión que tuvo lugar en Cuba de acuerdo con la decisión l06 de la Comisión”.
Este documento relató muy severamente las violaciones a los Derechos Humanos observadas en Cuba y pidió explicaciones al Gobierno de la Isla. En ese momento comenzó una nueva era en la historia del Castrismo. La impunidad de que había disfrutado Fidel Castro, en relación a sus procedimientos criminales, había terminado para siempre. En lo adelante, el sistema comunista cubano fue situado entre los peores violadores de los Derechos del Ciudadano de todo el planeta. En el derecho internacional, Fidel Castro pasó a ser un reo más.
Veintiséis años han transcurrido desde los primeros pasos dados para enfrentar a Fidel Castro, dentro de la nación, de una manera organizada y apelando a recursos civilistas, no conspirativos y, sobretodo, totalmente abiertos a la libre participación ciudadana.
El tiempo transcurrido ha servido para el surgimiento de diversas corrientes opositoras al castrismo, que comprenden prácticamente todas las tonalidades de las diversidades políticas que coexisten en el mundo contemporáneo. Las organizaciones de la renaciente sociedad civil independiente cubana, lejos de dividirse como afirman los detractores, lo que han logrado es multiplicarse, de acuerdo con las preferencias de criterios de los participantes, como corresponde a cualquier aspiración de ejercicio democrático.
Incluso, han aparecido aportes originales al activismo contestatario como es la iniciativa de los periodistas independientes que, aunque ha sido premiada y exaltada gracias a los esfuerzos del exilio cubano, no ha recibido el debido reconocimiento por parte de la grandes medios de comunicación internacionales, por la sencilla razón de que sus críticas las hacen contra un régimen supuestamente izquierdista y antinorteamericano.
La membresía de las agrupaciones anticomunistas dentro del territorio cubano, sin exageración alguna, han llenado páginas de gloría resistiendo a las atrocidades del sistema carcelario y de guerra sucia de Fidel Castro contra ellos y sus familiares, y han demostrado tal talento e imaginación creativa, que si el escenario de su bregar hubiera sido Suráfrica, Argentina, Guatemala u otro suelo controlado por fuerzas de las llamadas derechistas, ya les habrían otorgado algún premio Príncipe de Asturias, de España; o la Gran Cruz de la Legión de Honor de Francia; y es probable que, además, contaran con uno o dos premios Nóbel de la Paz.
Sin embargo, esas miopías y omisiones, al final, no hacen más que acrecentar los méritos de los opositores cívicos de Cuba, resistiendo a pesar de la indiferencia, del desdén, y a veces hasta de la hostilidad de una parte del propio pueblo que, sin lugar a dudas, será altamente beneficiado como resultado de los cambios políticos, económicos y sociales que tendrán lugar en Cuba como fruto de las tareas patrióticas que han protagonizado los resistentes al despotismo.
Pienso que el acontecimiento más feliz que ha ocurrido en estos avatares de los objetores de conciencia cubanos es la alianza que, no sin grandes incomprensiones y dificultades, lentamente ha ido surgiendo en relación al universo de los exiliados cubanos en Estados Unidos, en España, en Puerto Rico y en otras partes.
La fructificación de esta conjugación de esfuerzos puede apreciarse en las constantes gestiones de socorro que se hacen por todo el mundo para defender a los opositores civiles cubanos de las agresiones de los castristas.
Quizás el ejemplo más elocuente, acerca del amparo que los exiliados cubanos promueven todos los días a favor de los disidentes en Cuba, sea la postura de respaldo hacia ellos que han adoptado el Presidente Checo, Vaclav Havel, y los Gobiernos de Polonia, Canadá, España, Francia, Suecia, México, el Reino Unido, Hungría, Portugal y otros, así como decenas de organizaciones internacionales que defienden los derechos del ciudadano.
EL FOMENTO DEL PLURALISMO
La mejor ilustración para hacer resaltar el grado de respeto a la diversidad de opiniones políticas que conviven en el movimiento de resistencia democrática cubana, son los éxitos parciales que alcanzó el proyecto “Concilio Cubano”, hasta que tuvo que ser aplastado a la fuerza por la policía política de Castro.
La labor en común que fueron capaces de desarrollar para Concilio Cubano agrupaciones neo-liberales; socialdemócratas; demócrata cristianas; independientes; conservadoras; socialistas; reformistas; radicales; las aspirantes a la reconciliación nacional; las que defienden los postulados de cero impunidad para los criminales; las que apoyan el embargo económico norteamericano a Castro; las que se manifiestan por las distintas variantes del levantamiento de ese embargo; las organizaciones contestatarias que están a favor de sostener un diálogo con las autoridades del gobierno para la transición política de la nación; las entidades disidentes que se pronuncian contrarias a cualquier tipo de acercamiento con el régimen castrista y otras con multiplicidad de programas, todas estuvieron de acuerdo en cooperar mediante un forum abierto para buscar soluciones a la crisis nacional.
Como todos saben, Fidel Castro percibió el peligro que la realización de las aspiraciones de Concilio Cubano entrañaba para sus ambiciones de perpetuación en el poder, y destruyó mediante la violencia este plan opositor.
Existe otra muestra que ilustra el componente de comprensión que han alcanzado los disidentes cubanos , acerca de la imperiosa necesidad que implica la tolerancia de los criterios ajenos y el debate civilizado que excluye el terrorismo verbal, en el camino de propiciar los valores democráticos.
Me refiero a la acogida favorable que dentro del Comité Cubano Pro Derechos Humanos obtuvo la idea de Oscar Peña Martínez en l990, dirigida a convocar al “Llamado a un Encuentro Nacional”, es decir, a un diálogo entre la oposición y el gobierno, para intentar buscar una salida a la catástrofe que el comunismo ha provocado en Cuba.
En realidad, una parte de la membresía del Comité se oponía a priori, y aun se opone , a sostener conversaciones con Fidel Castro en medio de las circunstancias tradicionales. Sin embargo, los discrepantes aceptaron el reto que supuso hacer desde dentro de Cuba tal llamado . ( En este libro aparece un artículo de Oscar Peña, quien es uno de los más destacados activistas del movimiento de Derechos Humanos, que narra algunos detalles sobre los alcances de aquella propuesta de diálogo.)
En estas esferas de hacer contribuciones provechosas a la instauración de un nuevo clima político, en el bregar del pueblo cubano por sus libertades públicas, los integrantes de la renaciente sociedad civil opositora han hecho aportes sustanciales. En tal sentido, no se puede perder de vista que aun en demasiados discursos políticos, en todos los rincones del planeta, se emplean amenazas de muerte y de brutales represalias frente a los contrincantes, así como toda suerte de recursos de extorsión, de difamación y de ultraje, que incitan hacia el violentamiento de quienes se convierten en las víctimas de esos ataques.

