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Cosas de la Vida Raúl
Rivero La Habana— Esta semana en la zona de La Lisa, en el oeste habanero, las fuerzas vivas del socialismo le organizaron un mitin de repudio a dos balseros devueltos por los guardacostas norteamericanos. Antes de abordar la balsa fatal, uno de ellos era policía y el otro militante del partido comunista de Cuba. Ahora son, para la policía política, dos CR, es decir, contrarrevolucionarios. Para los comités de defensa, desafectos no confiables. Para su familia, una carga económica. Y para buena parte de amigos y vecinos, dos tipos marcados por la frustración y la esperanza. Lo verdaderamente raro en esta metamorfosis no es el cambio de estatus de las personas, sino la naturalidad con que se acepta y la química que funciona para que una vez repartido de nuevo los papeles, la obra de teatro continúe sin traumas y sin final. También esta semana, en la provincia de Camagüey, un cubano revolucionario, partidario del socialismo, golpeó la puerta de un vecino, insultó a su familia, y despertó a todo el barrio con su indignación política. Es un mundo extravagante y complejo el de la gente que nace aquí y que se ve obligada a mentir para permanecer en Cuba. Resulta que el vecino del apasionado defensor de la clase obrera es periodista independiente, y el camarada se sintió ofendido porque escuchó en una emisora del sur de la Florida un comentario firmado por su compatriota en el que se criticaban aspectos de la sociedad cubana actual. No hay que ser muy brillante para percibir que se vive en una atmósfera por lo menos extravagante. Con el odio dando vueltas por las cuadras de las ciudades, la mentira y el disimulo tan imprescindibles como los zapatos, y la capacidad histriónica a nivel de un egresado de Actor's Studio. Un pobre hombre que vive en mi vecindad, trabaja en una empresa mixta y gana dólares, asistió y vociferó a pleno pulmón frente a mi casa, en el verano de 1997, durante un mitin de repudio que me organizó el departamento de la seguridad del estado. Dije pobre hombre sólo porque el individuo es un fanático de Willy Chirino, consiguió todos los casetes del gran músico nuestro, pero los tiene que escuchar en un estricto clandestinaje y, además, hacerse el indignado, dejar en un mínimo susurro el coro de la canción “ya vienen llegando”. Nadie, ni los leales, los escritores verbeneros, los que las utilizan para el galanteo social, los que las padecen en la base, los que las imponen en las cúspides se libran de la sensación del miedo y de la presunción, quizás para algunos sensual, de que se vive en un escenario. Es muy extraño y peligroso el entorno de final de siglo para nosotros. No hablo de la vida de los activistas de los derechos humanos y de la eventual sociedad civil. Esto tiene que ver con el desajuste, el desequilibrio que produce en todo grupo humano la fantasía sin glamour, la readaptación cotidiana del personaje, el silencio como chaleco protector, la simulación y el engaño como talismán. El policía y el comunista del párrafo inicial fingieron, escondieron sus verdaderas intenciones y su real visión del mundo hasta el momento en que llegaron a los tablones húmedos de una embarcación. Ahora tienen que remodelar sus personajes. Es un mundo extravagante y complejo este país amado hasta el delirio por la gente que nace aquí y que se ve obligada a mentir para permanecer en Cuba. Y obligada a mentir para marcharse. © Cuba Free Press, Inc. |