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Grupo de Apoyo a la Disidencia (GAD): 
Una Estrategia Nueva

Frank Hernández-Trujillo
Miami 30 de abril del año 2000

Aunque nos es bastante difícil el escribir sobre nosotros mismos, hemos decidido el hacerlo para satisfacer la petición de nuestro hermano Ricardo Bofill de que realicemos una reseña de como surgió el concepto del Grupo de Apoyo a la Disidencia, o el GAD, como es mejor conocido dentro de Cuba.

Corría el día 10 de diciembre de 1994, y acudimos al campo de la Universidad Internacional de la Florida para participar en la celebración del Día de los Derechos Humanos, invitados por el ya mencionado hermano Bofill. Tuvimos entonces la oportunidad de establecer una conversación con un periodista independiente recién llegado de Cuba. A la conclusión del acto, y debido a que la persona, a la que llamaremos Paco, vivía cerca de nuestro hogar, nos trasladamos a este para continuar la conversación sobre la situación interna de Cuba.

Paco nos pidió el hacer una llamada a sus compañeros de Pinar Press, ya que no había tenido la oportunidad de conversar con ellos desde su llegada a los EEUU. Accedimos a su pedido y finalmente este nos pidió que habláramos brevemente con sus coterráneos, lo cual hicimos. La joven con la cual conversábamos nos dijo que aunque le daba mucha pena, quería pedirnos un favor: que si les podíamos enviar materiales de trabajo tales como lápices, plumas y papel para escribir sus denuncias. Esto nos impacto grandemente, ya que desconocíamos hasta ese momento en la situación precaria en que funcionaban los grupos disidentes dentro de Cuba, y para serles honestos, compartíamos las mismas dudas sobre los disidentes que los demás cubanos que formamos el llamado “exilio histórico”, o sea, los que salimos de Cuba a principios de los 60. Al finalizar la conversación le planteamos a Paco la creación de un grupo que sirviera de apoyo a estos hermanos dentro de Cuba. Su opinión fue que esto seria una magnifica idea, ya que hasta ese momento la ayuda que se recibía en Cuba era enviada principalmente por contados grupos del exilio a personas conocidas por ellos y con los cuales mantenían relaciones personales, pero sin que existiera un esfuerzo organizado. Quedamos en vernos de nuevo esa semana y concretar la idea.

Ese mismo día contactamos a varios de nuestros hermanos de la Asociación de Veteranos Cubano-Americanos, CAVA, para presentarles la idea antes mencionada, la cual recibieron entusiasmados. Tuvimos una reunión de emergencia y allí mismo quedo establecida una estrategia para institucionalizar la ayuda, que por nuestras pasadas experiencias militares llamamos como de “apoyo logístico”. Surgió la idea de nombrar la organización Grupo de Apoyo a la Disidencia, cuyas siglas GAD podían ser interpretadas en Cuba como “Gracias A Dios” y además se pronuncian de forma muy similar a la palabra inglesa GOD, Dios.

El primer envío fue realizado por uno de nuestros compañeros de CAVA que viajo a México en enero de 1995 y mando un paquete de aproximadamente 10 libras conteniendo artículos de oficina, papel, bolígrafos, etc. De ahí en adelante comenzamos a buscar donaciones entre la comunidad y personas que viajaban a Cuba que nos llevaran dos o tres libras de medicamentos y las cosas mas necesarias. El dinero para cubrir los gastos era aportado por los seis miembros originales (uno de ellos, Jorge Fenton, murió en 1998) y en base a algunas actividades que realizábamos para levantar fondos, tales como desayunos, presentaciones ante otras organizaciones del exilio, etc. A los pocos meses establecimos una relación de trabajo con los muchachos de Puente de Jóvenes Profesionales, cuyos dirigentes Nicolás Gutiérrez, Jr. y Rafael Sánchez-Aballí se unieron con entusiasmo a las labores del GAD, trayendo con ellos una infusión de gente joven, la mayoría de ellos nacidos fuera de Cuba, y que sin embargo demostraron ser nuestros mas fieles aliados.

Los contactos en Cuba se multiplicaron, y en unos pocos meses teníamos ya cerca de 20 organizaciones a las cuales ayudábamos en lo que podíamos con los escasos recursos con los que contábamos. Los envíos incluían además de medicinas y alimentos, radios de onda corta, materiales de oficina, cámaras fotográficas, maquinas de escribir y ropa para los presos. Además de Pinar Press nos vienen a la mente el Frente Femenino Humanitario, el Movimiento Amor y Paz de las provincias Orientales, Movimiento de Reconstrucción Nacional de Artemisa, el periodista independiente Néstor Baguer, el Partido Solidaridad Democrática, el Partido Pro-Derechos Humanos-Fundación Andrei Sajarov, Partido Liberal Democrático, Corriente Liberal, Colegio de Pedagogos, Colegio de Arquitectos e Ingenieros, Colegio Medico de Santiago de Cuba, Movimiento 24 de Febrero y otros.

Desde un principio, el Grupo de Apoyo a la Disidencia adopto una serie de reglamentos a los cuales nos hemos adherido religiosamente:

No discriminar a ningún opositor por sus idea políticas o religiosas.

No decirles lo que deben de hacer o como deben de actuar y permitirles que usen las táctica que mas crean convenientes.

La Habana sola no es Cuba. Ayudar a todas las provincias y la mayor cantidad de municipios posibles, creando grupos de apoyo humanitario no-partidistas.

Las medicinas son para los enfermos, y cualquier cubano que las necesite puede solicitarlas de los opositores, aunque desde luego priorizando a los disidentes, los presos políticos y sus familiares.

Apoyar a cualquier grupo dentro de Cuba que acepte el concepto de que en Cuba se necesita establecer un estado de derecho.

Utilizar al máximo los recursos, minimizando gastos superfluos o administrativos, dependiendo totalmente de la labor voluntaria de los miembros.

Trabajar en silencio, evitando el protagonismo y el caudillismo que tanto daño ha causado en la historia del pueblo cubano.

Los contactos con las organizaciones en Cuba se fueron multiplicando, llegando a mantener comunicación directa para mediados de 1996 con mas de 60 grupos y delegaciones desde un extremo a otro de la isla. Esto nos obligo a buscar nuevas fuentes de ingresos para poder sostener los gastos cada vez mayores. Recordamos con el verdadero pánico conque abríamos las cuentas de teléfono para encontrarnos con sumas de hasta $800 y $900 producto de las llamadas de larga distancia, las cuales había que pagar de inmediato. Comenzamos a buscar recursos por distintos lugares, incluyendo Latinoamérica y Europa, pero desdichadamente no logramos nuestro objetivo. Reuniones llevadas a cabo con personajes del Departamento de Estado norteamericano tales como Richard Nuccio tampoco concretaron ningún tipo de ayuda, a pesar de la marcada simpatía de este por la labor que estabamos realizando y que mas tarde descubrimos estaba exactamente dentro del plan de acción del gobierno estadounidense.

A fines de agosto de 1996 recibimos una llamada de un contacto nuestro dentro del Pentágono norteamericano para avisarnos que la persona que estaba a cargo del programa de ayuda a Cuba del USAID, Peter Orr, estaba de visita en nuestra ciudad de Miami para participar en la reunión anual de los economistas, la ASCEE. Conseguimos así el teléfono de su hotel y le dejamos un mensaje. Recibimos su llamada casi de inmediato, ya que según nos enteramos mas tarde, venia con la intención de comunicarse con nosotros debido a los reportes dados en Washington por el ya mencionado Richard Nuccio. Le pedimos permiso para traer con nosotros a nuestro hermano Andrés F. Gracia, presidente de CAVA y miembro de la directiva del GAD, a lo cual Peter accedió.

La reunión se llevo a cabo esa misma tarde en un hotel de Miami y de allí surgió la idea de crear una organización que incluyera a distintos grupos del exilio que tenían interés en trabajar dentro de Cuba. Según se nos dijo, ya esa mañana había ocurrido una reunión con miembros de Agenda:Cuba con el mismo fin.

Tras varias reuniones preliminares entre miembros de Agenda:Cuba, el GAD y CAVA, en los que se delinearon estructuras de trabajo, responsabilidades, etc., se comenzaron a invitar a otras organizaciones a que participaran en el proceso, sumándose a las ya mencionadas las siguientes: Puente de Jóvenes Profesionales, Alianza Democrática Cubana, Ex-Club, Miami Medical Team, Alianza Democrática y Ricardo Bofill como representante de los defensores de los derechos humanos. De aquí surgió el Instituto para la Democracia en Cuba, el cual de inmediato aplico para fondos federales del USAID, obteniendo la cantidad de $400,000 para 1998-99 y una cantidad adicional de $600,000 para el periodo de 1999-2000.

El Grupo de Apoyo a la Disidencia mantuvo su labor de coordinación de la ayuda humanitaria a los disidentes dentro del Instituto, tarea que ha venido realizando desde la creación de este en septiembre de 1996.

En el presente, nuestra ayuda llega a casi 120 municipios de la isla y cerca de 100 organizaciones independientes. Además de las medicinas y alimentos concentrados que forman la base de nuestros envíos, la asistencia se ha ampliado para cubrir áreas tales como servicio de espejuelos, materiales para la construcción de prótesis dentales, la creación del proyecto Zapatos para un Niño Cubano ( con reparticiones de zapatos en Caibarién, Santiago de Cuba, Matanzas, La Habana y las Cooperativas Campesinas Independientes de Guantánamo y Santiago de Cuba), la creación del proyecto Botiquín del Pueblo, de los cuales existen un gran numero, especialmente en Santiago de Cuba, Bayamo, Las Tunas, Cárdenas, Villa Clara y Cienfuegos, y la inclusión del apoyo a miembros de grupos fraternales y la Fraternidad de ex-Presos Políticos de Cuba, cuyos miembros se han integrado a las labores del GAD.

La tarea que nos hemos encomendado no ha sido fácil. Recordamos como mucho de nuestros hermanos de lucha nos atacaron injustamente cuando salimos a la palestra publica reclamando nuestro derecho de cambiar la táctica de la lucha armada por la de la ayuda humanitaria. El camino recorrido ha sido duro y pensamos que el que nos falta recorrer sea quizás aun mas difícil, debido principalmente a la incomprensión y la ignorancia, aunque vemos complacidos como nuestra estrategia, de una forma u otra, ha sido adoptada por casi todas las organizaciones del exilio como la vía a seguir. Pero estamos decididos a continuar la lucha hasta alcanzar las metas que nos hemos fijado. Creo que todos los que hemos colaborado de una u otra forma en la creación del Grupo de Apoyo a la Disidencia, los que hemos trabajado día a día los siete días de la semana y permanecido “en guardia” al lado de los teléfonos para responder a las llamadas de nuestros hermanos desde Cuba, podemos tener por lo menos la satisfacción del deber cumplido. Para nosotros, los del GAD, eso es mas que suficiente.

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