Diario Las Américas, USA, 9 de abril de 1996.

LA FELICITACION DE BILL CLINTON

La carta de felicitación que Bill Clinton, presidente de los Estados Unidos, envió recientemente al Comité Cubano Pro Derechos Humanos (CCPDH) con motivo del vigésimo aniversario de su fundación, es un reconocimiento oficial a todo el movimiento de derechos humanos dentro de la isla.

En realidad, la importancia del hecho no radica en que sea el presidente de un país el que envía la felicitación -aunque sí es de relevancia, sobre todo tratándose de Estados Unidos- sino en que tal vez sea el inicio de un reconocimiento general, en que quizás ese gesto sea imitado. No se puede dejar de señalar que en el pasado otras personalidades han emitido documentos semejantes, incluyendo al presidente Ronald Reagan, cuando envió una carta a Cuba felicitando al CCPDH, y al presidente George Bush, que invitó a varios activistas a la Casa Blanca con motivo de una de las condenas en la Comisión de Ginebra a la dictadura castrista. También el presidente checoslovaco, Baclav Havel, ha tenido gestos de reconocimiento para el CCPDH.

El movimiento de derechos humanos dentro de Cuba pertenece a esa ola libertaria que contaminó al bloque comunista y que en Polonia comenzó con el Sindicato Solidaridad y su creador, Lech Walesa. También formó parte de esa corriente nueva detrás de la cortina de hierro Carta 77, en Checoslovaquia, y Andrei Sajarov y sus seguidores en la ex Unión Soviética.

Se debe destacar que ninguno de los movimientos de derechos humanos del bloque socialista europeo consiguieron para sus respectivas dictaduras una condena en Naciones Unidas, o la designación de un relator especial. Ni siquiera las cifras de activistas que en Cuba se alcanzaron. Los orígenes y la historia del movimiento de derechos humanos, aún sin escribirse -aunque se han hecho algunos intentos- algún día recogerá sus logros y sus fracasos.

De todas formas los derechos humanos -estipulados en la carta de Naciones Unidas de 1948- constituyen un concepto que sobrepasa las circunstancias específicas de un país determinado bajo una dictadura determinada. Por encima de las consideraciones políticas o partidistas, los derechos humanos se levantan como una columna vertebral que cualquier sociedad que se respete y aspire a un estado de derecho tiene que tener en cuenta. No se concibe una sociedad del futuro sin el pleno respeto a los derechos humanos. Así que trabajar hoy por los derechos humanos es trabajar por el futuro.

En mi caso personal me siento muy orgulloso de haberme vinculado al CCPDH cuando sólo estaba constituido por un puñado de activistas que vagaban por La Habana carentes de todo tipo apoyo o reconocimiento. Es placentero mirar atrás, recordar la arrogancia de la policía política de Castro asegurándonos que de un manotazo podía desbaratar al movimiento, y comprobar que no ha sucedido así y que hoy día, si el propio movimiento quisiera retirarse para siempre, otro similar lo sustituiría irremediablemente.

La explicación de este fenómeno es sencilla, se trata de una cuestión de ideas, y las ideas siempre han superado a los hombres que las han concebido. Basta recordar la lucha de la humanidad contra la esclavitud, ese bochornoso capítulo de la historia del hombre. Hoy se da por sentado que los seres humanos nacen libres y nos cuesta trabajo pensar que alguna vez no fue así.

Cualquier tropiezo, éxito o fracaso puede enfrentar el movimiento de derechos humanos de Cuba en el futuro, pero su meritorio trabajo, su dedicación y su aporte para que este planeta sea un mejor lugar para vivir, ya están para siempre en la páginas donde se recoge lo mejor de la historia del hombre.