CADAVERES EN ANGOLA Programa "Los Derechos Humanos al día", del periodista Jorge Ríopedre, en la emisora Radio Martí, USA, 1989. Pablo de la Torriente Brau escribió un libro que no pudo terminar donde narraba las aventuras del soldado desconocido cubano en el cementerio de Arlington, a donde fue a parar por error. El libro tiene un tono humorístico que mueve a la más legítima risa criolla. Pero por supuesto, ni el soldado desconocido cubano, ni sus familiares, deben sentirse muy propensos al humor cuando la muerte toca cerca. Las guerras mundiales que ha padecido el mundo, y mucho antes las guerras a que fue sometida Europa por varios siglos, convirtieron al planeta en cementerio internacionales., Los únicos hombres que no necesitan pasaporte ni documentación para poseer un pedazo de tierra en países ajenos sal de su nacimiento, son los soldados que mueren en nombre de grandes estrategas, como Napoleón, y casi siempre en contra de su voluntad. Con el soldado nadie cuenta para determinar el lugar de su tumba, sobre todo si se tiene en cuenta que, una vez sacrificado, ya no podrá opinar. Cuba, pequeña isla del Caribe, ha proyectado su imagen al exterior en una nueva modalidad desconocida antes por su historia. Si el tabaco, el azúcar y el ron cubanos se encuentran en cualquier parte del mundo, ahora, gracias a designios guerrerísticos, también Cuba está representada en disímiles lugares del globo por tumbas anónimas donde descansan hombres que nacieron muy lejos de su última morada, hombres que tal vez vieron la luz en la ruidosa Santiago de Cuba o en la bullangera Habana de arquitectura mixta y compleja, que va del barroco colonial al rascacielos frío y desafiante. ¿Qué laberinto de mala suerte convirtió a Cuba de exportadora de ron, tabaco y azúcar, en exportadora de muerte? Todos lo sabemos y comprendemos el complicado proceso que produjo tal aberración. El extremado narcicismo de un solo cubano ha conseguido más muertes que cualquier guerra cubana por conceptos tan sólidos y loables como la libertad y l independencia. Ahora, al parece, las tropas cubanas deben retirarse de Angola, pero regresarán sólo los visos. Los que murieron en esas extrañas selvas quedarán allí, sólo porque el presidente Castro no quiere mostrar el desastroso espectáculo de un desfile de restos fósiles que, según su criterio, de nada servirá a las madres que los reclaman. El doctor Ricardo Bofill, en su reciente conferencia ante el Club Nacional de Prensa en Washington, dio los nombres de los tres últimos fusilados en Angola, todos miembros del Servicio Militar General: Anselmo Medina Sotolongo, de 23 años, sargento; Luis Valle Rodríguez, 21 años, recluta; y José Manuel Pérez Agüero, 23 años recluta. Son tres nombres más a engrosar la lista de soldados que siembran tierras extrañas con sus cuerpos, en lugares desconocidos lejos de su lugar de nacimiento. Cuando un ejército se retira de una nación llevo consigo todo el material logístico, las armas, el parque, las instalaciones de carácter militar que puedan ser desmontadas y sus muertos. Sin embargo, al presidente Castro no le interesa la parte oscura de la historia. Recibirá a los vivos a golpes de bombos y platillos, pero los muertos, los que perdieron su vida sólo para conseguir supuestos laureles en los hombros militares de los altos jefes, ésos no regresaran. Las madres cubanas lloran a sus hijos desaparecidos. Toda Cuba llora con ellas porque todos pudimos ser un cadáver más en Angola, o en cualquier otro lugar del mundo, y sólo la muerte, sólo el azar burocrático, nos salvó de semejante fin. Un ex combatiente de Angola me regaló, en La Habana, una piedra recogida en uno de los cementerios cubanos en Angola. la guardaba en casa, sobre la mesa de centro de la sala, y nadie sabía qué significaba aquella piedra de apariencia común. El hombre, ante el sufrimiento, recorre insospechados recursos para aliviar el dolor. Si una simple piedra recogida con amor para no olvidar a sus compañeros muertos en combate posee una gran significación, ¿qué no significarán los restos fósiles de un hijo, un esposo, un hermano, para sus seres queridos? La soberbia no contempla el dolor. La soberbia es sólo rabia y prepotencia, Ahora Cuba tiene un soldado desconocido en cualquier lugar del mundo en el más insospechado. El gobierno del presidente Castro ha conseguido que nuestros cadáveres viajen libremente, cosa que no permite a los vivos. La guerra de Angola es un trauma nacional y sus muertos son las cicatrices. Estas se pueden disimular, pero el efecto sicológico nunca desaparece. Algún día tendremos un Arlington en L Habana, algunos de esos restos mortales regresarán y descansarán para siempre cerca de ceibas y palmas reales bajo el calor del trópico cubano. Si Pablo de la Torriente Brau escribió sobre el soldado desconocido cubano, nosotros debemos conseguir, con nuestras denuncias, que los muertos cubanos no sean desconocidos, que todos sepan que yacen allá, lejos de la patria, en distintos rincones de Africa, y que los conocemos y los queremos bajo nuestro cielo. Nada impedirá este pase de lista de todos los difuntos para que no quede impune el rostro de la prepotencia. |