| Diario Las Américas,
USA, 12 de enero de 1993. LA QUIMERA DE ORO VS. EL GRAN DICTADOR El Partido Pro Derechos Humanos de Cuba (PPDHC), primer partido de oposición política abierta a la dictadura, fue fundado el 20 de julio de 1988 por un grupo de intelectuales de avanzada. Seis días después, en su tradicional discurso del 26 de julio, Castro amenazó a gritos: "no permitiremos jamás partidos de bolsillo". Los activistas no le hicieron ningún caso y la respuesta fue, por supuesto, la prisión. Este partido es un desprendimiento del Comité Cubano Pro Derechos Humanos (CCPDH), que fundara Ricardo Bofill unos años antes, y nace producto de la necesidad lógica de llevar al terreno político lo que estaba vedado al CCPDH por su carácter estrictamente humanitario. Bofill enfocó a este grupo como el brazo político del movimiento y la primera tarea fue aprovechar el resquicio de la constitución de la dictadura según el cual, con diez mil firmas reunidas, cualquier ciudadano puede proponer leyes a la Asamblea Nacional. La propuesta perseguida era que la Declaración Universal de Derechos del Hombre fuera insertada como preámbulo a la constitución de la república. El segundo paso fue la convocatoria a un plebiscito para que la población dijera NO al tirano. Este ejemplo fue seguido, con enorme éxito propagandístico, por otras organizaciones y destacados intelectuales. El otro paso destacado que llevó a cabo el PPDHC fue la manifestación frente a la embajada soviética en La Habana cuando la visita de Gorbachov a Cuba. Como en las iniciativas anteriores, la respuesta del gobierno fue la prisión. También el PPDHC llevó a la Comisión de la ONU de visita en Cuba cientos de testimonios de violaciones de derechos humanos y creó la revista Franqueza dentro de la corriente zamisdat. Debo señalar un aspecto importante en esto: el PPDHC es el primer partido de este tipo en el mundo. Un planeta más sano en lo que respecta a las relaciones de los seres humanos debe ser regido, como lo propone el PPDHC, por la Declaración Universal como preámbulo de todas las constituciones. Es un proceso similar al de los ecologistas. Jacques Cocteau luchó durante años por la conservación del medio ambiente hasta que algunos hombres de avanzada en Europa comprendieron que había que llevar la lucha por la ecología a la política para ellos mismos hacer, desde el poder, la leyes de protección. Surgieron los partidos verdes. Es el mismo proceso pero en el terreno de los derechos humanos. Tal vez este ejemplo fructifique y algún día se les llame, quién sabe, los Partidos Azules o los Partidos Humanos. En el caso de Cuba la iniciativa, afortunadamente, recogió frutos de inmediato y hoy por hoy existen varios partidos que se insertan en esta línea y realizan una destacada labor. Ahora, desde el exilio, cuatro miembros de la dirección histórica del PPDHC -el ingeniero Roberto Bahamonde, el médico y siquiatra Samuel Martínez Lara, el profesor universitario Hiran Abí Cobas Núñez (Premio Internacional de Periodismo Pedro Joaquín Chamorro) y David Moya, editor de la revista Franqueza y Premio Internacional de Derechos Humanos Reebok- llevan a cabo otra iniciativa: impugnar ante las Naciones Unidas las elecciones fraudulentas que acaban de concluir en Cuba para que sean condenadas por las naciones civilizadas y se obligue a la dictadura a realizar otras bajo condiciones de supervisión. De no aceptarlo el dictador -y es lógico que así suceda-, el PPDHC se reserva el derecho de "convocar al pueblo cubano para un lugar y fecha determinados, resolviendo de forma directa y rápida la permanencia o no del régimen actual". Esto es un paso más en el campo de la oposición a Castro, pero deja sentado algo más importante y que, lamentablemente, pertenece al futuro y a los que sueñan con él: los gobiernos del mundo regidos por ese logro de la humanidad que constituye la Declaración Universal de Derechos Humanos. Los hombres que iniciaron el movimientos de derechos humanos, la noble acogida por parte de la población cubana y las decenas de nuevos grupos surgidos tras este ejemplo, conforman lo que podría calificarse de la anticipación de ese sueño. Esa pequeña isla, con una tradición civilista que data de su más temprana historia, tal vez reciba el honor de aportar al mundo esta quimera de oro para enfrentarla a los grandes dictadores que constituyen hoy, para suerte de todos, una especie en extinción que nadie desea salvar. |