Diario Las Américas, USA, 9 de marzo de 1993.

PRECISIONES SOBRE LOS DERECHOS HUMANOS EN CUBA

Hoy día una gran parte de las organizaciones del exilio poseen una rama de derechos humanos. Creo que la mayoría lo ha hecho porque desea ayudar en ese terreno que ha resultado fértil. Pienso que otras han tratado de comprar un espacio que no obtuvieron dentro de Cuba. Recoger los frutos ajenos no es delito, es más, fueron sembrados para que sirvieran a todos. Pero se deben reconocer los orígenes.

En el exilio, desde temprano, se laboró en los derechos humanos. Fueron visionarios que se anticiparon. El Comité Cubano Pro Derechos Humanos (CCPDH) rindió homenaje, el pasado 10 de diciembre, a dos precursores de esa batalla: el rev. Ramón O'farrill y el abogado Miguel Olba Benito, representando en ellos a otros que en el exterior lucharon por difundir las denuncias procedentes de Cuba. Siempre menciono esta labor cuando hablo del movimiento de derechos humanos, el cual descubre un método nuevo de oposición y trae a la palestra política cubana la estrategia de la desobediencia civil y de la resistencia pacífica, e incorpora a la lid política nacional la peligrosa posición de "a cara descubierta", a la cual se sumaron opositores, ex presos políticos y veteranos de otros métodos de lucha frente al comunismo, surgiendo este nuevo frente, bajo la bandera de los derechos humanos, para sumarse al combate final contra Castro.

Ahora bien, dentro del territorio nacional de Cuba no existió ninguna organización que tuviera como plataforma la Declaración Universal hasta la aparición del Comité Cubano Pro Derechos Humanos (CCPDH) fundado por Ricardo Bofill. He escuchado a muchos alegando que, al luchar contra Castro por otros medios -como la lucha armada- ya estaban luchando por los derechos humanos porque el derrocamiento de la dictadura implica la reinstauración de un estado de derecho y, por tanto, el respeto a la citada Declaración. Esto es cierto, pero de ningún modo significa que esas organizaciones lucharan teniendo los derechos humanos como estrategia principal para cuestionar el sistema desde dentro. Pondré un ejemplo imaginario.

Si mañana se desarrolla en Cuba un movimiento sindical que da al traste con la dictadura, el CCPDH no podría decir que lleva años luchando por los derechos sindicales por el solo hecho de que éstos están contenidos en la Declaración y, por tanto, los sindicalistas que crearon su propio movimiento son unos advenedizos en el tema. Eso sería una falsificación histórica. Si un grupo armado de profunda raigambre patriótica asegura que lleva luchando por los derechos humanos treinta años tratando de restar importancia a los activistas, también incurre en la misma imprecisión. Cada cual en su campo hace su esfuerzo por la causa de Cuba. Repito, dentro del territorio nacional no existe ningún movimiento anterior al CCPDH dedicado a usar la Declaración como fórmula para oponerse a la dictadura y agrandar la fisura en el muro castrista. Deseo añadir, además, que nunca el movimiento de derechos humanos dentro de la isla pretendió ocupar el lugar más destacado, o el liderato, en la lucha contra Castro. Este movimiento recoge la labor del fray Bartolomé de las Casas, el padre Varela, el humanismo de José Martí y los extraordinarios aportes del Tribunal de Garantías Constitucionales y Sociales creado en la década del 40. Próximamente saldrá a la luz un documentado libro sobre el movimiento escrito por el historiador y crítico Alberto Baeza Flores.

Me he dedicado a estudiar este tema porque lo conozco por dentro. No trato de demostrar nada ni restar méritos a nadie, sólo pongo en su lugar una verdad histórica que a muchos alegra y que a otros molesta: la oposición, usando los Derechos Humanos como vía de lucha frente al totalitarismo -método descubierto por Sajarov- fue creada dentro de Cuba y llevada a vías de hecho por el CCPDH, creando así un movimiento de lucha civilista, una cruzada nunca vista en el espectro político cubano anterior. La audacia ha causado asombro y encono. Y lo que más molesta es que ha tenido éxito. Muchos se sienten desplazados por un método que a ellos no se les ocurrió. También puedo asegurar que el método no fue creado para desplazarlos porque dentro de Cuba -salvo a unos pocos- ni tan siquiera conocíamos de su existencia. El método fue creado para corroer a la dictadura y recuperar un país que fue entregado a Castro por personas inhábiles, oportunistas, miedosos y ladrones, con la triste y nunca ausente legión de buenos cubanos que perdieron la partida sin importarles, incluso, entregar la vida.

Y muchas veces me pregunto: ¿por qué la insistencia en menoscabar el lugar histórico del CCPDH? ¿Por qué los argumentos para demostrar que todos, desde la cuna -aunque la cuna estuviera en el Palacio Presidencial ocupado por un dictador- están luchando por los derechos humanos? Nunca los activistas han tratado de restar importancia a los que tienen otras vías, ni de disputarle su lugar. ¿Por qué este ensañamiento? Yo sé la razón. Desean hacer política en la Cuba de mañana y si la vía para el derrumbe, la fisura que abrió lo que hoy aquí llaman la actual oposición, fueron los derechos humanos, como buenos oportunistas tienen que vestirse de Declaración Universal. Siempre el pensamiento de vanguardia ha generado rechazo -generalmente por ignorancia-, como sucedió con las ideas de Martin Luther King en este país. ¡Pobre gente!

Si en Cuba surge un sindicalismo como el polaco y derrumba a la tiranía ya los veremos a todos, hasta los pescadores de domingo, asegurando que siempre fueron sindicalistas. ¡Vaya choteo! ¡Que baje Dios y lo indague!