| Diario Las Américas,
USA, Marzo 13 de 1994. RODOLFO GONZALEZ: VICTORIA Rodolfo González acaba de ser juzgado en La Habana: la dictadura ha sido derrotada de nuevo. González personifica la postura de los miembros del Comité Cubano Pro Derechos Humanos y del resto del movimiento. Hasta ahora, como todos sabemos, Castro ha ganado las batallas de la fuerza. Sus ejércitos y guerrillas recorrieron el mundo coleccionando triunfo tras triunfo. Eran los éxitos de la muerte, del lenguaje de los cañones y la guerra. Pero el lenguaje de la razón es un arma muy poderosa contra la cual la dictadura no puede ni está preparada. Detrás de la viril actuación de Rodolfo González en su juicio, está la conducta de muchos otros -y corro el riesgo de excluir nombres como siempre sucede cuando se enumera-, como Sebastián Arcos Bergnes, Indamiro Restano, Aurea Feria Cao, María Elena Aparicio, Omar del Pozo, Joel Dueñas, Ruben Hoyos, Félix Fleitas, Francisco Pérez de Armas, Pablo Reyes, Arturo Suárez Ramos, Luis Alberto Pita Santos, María Elena Cruz Varela, Gustavo Arcos, Osvaldo Payá, Elizardo San Pedro Marín, Nelson Torres Pulido, María Celina Rodríguez, Jesús Yanez Pelletier, Gustavo Cano escobar, Gladys González Noy, Angela Herrera y muchos más que conforman miles a través de la isla agrupados en células y unidos por la Declaración Universal de Derechos Humanos. No existen precedentes en los movimientos de Derechos Humanos del extinguido mundo comunista para estos casos. En realidad, sin restarle mérito alguno a los hombres que levantaron su voz tras la cortina de hierro, este método de sembrar por todo el país una red de monitoreo de violaciones y divulgación de la Declaración, nunca existió en Europa. Además, el movimiento de Derechos Humanos de Cuba agrega la masividad, que nunca lograron los grupos europeos, y añade páginas de indiscutible honor para nuestra historia. Ese decoro que falta a muchos -recordando a José Martí- sobra en el corazón de estos hombres que se enfrentan a la dictadura con la única arma que poseen: las ideas. Sin duda arma terrible y efectiva y, si alguien lo duda, pregunten a Ricardo Alarcón, Raúl Roa o Pérez Novoa, perdedores todos en las batallas de Ginebra. Dijo Rodolfo González en su juicio -solo, escoltado por esbirros, enfermo y mal alimentado- que no esperaba cumplir la sentencia de siete años que la fiscal solicitaba para él porque la situación actual de Cuba no duraría tanto tiempo. Rodolfo sabe lo que dice, y los miembros del tribunal, incluso la fiscal, también lo saben. No sé qué harán con sus vidas estos miembros del aparato judicial de Castro cuando caiga el telón. Hasta dónde públicamente puede una persona rebajar su dignidad. Siempre les queda el recurso de la renuncia, pero no la solicitan. Están ahí, bien alimentados, con transporte propio y ropas limpias, con la triste misión de enfrentar a un activista de derechos humanos para que los abofetee con su dignidad. Así están las cosas en esta hora de donde las definiciones doblan campanazos de verdades. Por un lado -y en Lada- los perseguidores, por el otro los perseguidos, pero con la enorme diferencia de que no huyen, sino que enfrentan a la jauría y la desafían. Rodolfo González está para siempre en nuestra historia. Tiene mucho más de siete de años de admiración porque esa fotografía -en uniforme de preso, la ropa más digna para esta época en Cuba- aparecerá en nuestros libros cuando llegue la hora de escribir este desatino de más treinta años. Cuando un niño pregunte, en el años 2010, dónde estaba la dignidad bajo el régimen de Castro, bastará con enseñarle esa foto. No tengo ninguna preocupación con el juicio del futuro. Estoy seguro: sólo lloverán aplausos. |