Diario Las Américas, USA, 5 de abril de 1994; Revista Siglo XXI, USA, No. 27.

LOS ACTIVISTAS Y LAS VISAS

Me gustaría precisar algunos detalles sobre los activistas de derechos humanos que abandonan la isla y algunas acusaciones injustas que se lanzan contra ellos.

Con frecuencia escucho que las personas que se envuelven en los movimientos de derechos humanos dentro de Cuba lo hacen con la finalidad de poder abandonar la isla. Los que emiten aseveraciones de este corte lo único que consiguen es prodigar un derroche de ignorancia. Paso a demostrarlo.

El gobierno de los Estados Unidos no otorga visas de entrada a territorio norteamericano por el solo hecho de "ser activista de derechos humanos". Ni un solo activista ha abandonado la isla gracias a su activismo. Cuando un miembro de algún grupo de derechos humanos decide marcharse de Cuba -haciendo uso del artículo 13 de la citada Declaración que asegura la libertad de movimiento-, tiene que hacerlo como cualquier otro ciudadano cubano que nunca salió de su casa o que siempre aplaudió a Castro, es decir, tiene que "aplicar" por alguna calificación de carácter familiar como todo el mundo. También les queda el recurso, sólo a aquellos que antes sufrieron prisión por razones políticas, de hacer uso de los visados que por esta causa expiden en la Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana.

Si pasamos la vista sobre algunos de los activistas llegados a Miami, veremos que pudieron entrar a territorio norteamericano gracias a que eran ex presos contrarrevolucionarios. Ante los ojos de la Oficina de Intereses ser activista de derechos humanos no es una categoría migratoria.

Por supuesto, la policía política de Castro, en su afán de desmoralizar el movimiento, propaló la mentira de que los activistas adoptaban sus posiciones críticas para salir del país, y en el exterior los agentes de opinión de Castro lo repiten. Otros periodistas reiteran la calumnia por pura ignorancia. Ninguno ha investigado en realidad cómo logran salir de Cuba los activistas y, si lo hicieran, comprobarían que tuvieron que recurrir al visado que les correspondía como ex presos.

No descarto que muchos de los que propagan esta calumnia no lo hagan porque son agentes de opinión de Castro, ni tampoco por ignorancia, sino por oportunismo político, por puro compadrismo y miseria humana: son amigos de otras facciones políticas del exilio y ven en los activistas posibles competidores, por tanto, deben ser destruidos aunque sea usando los argumentos falsos de Castro.

Quiero apuntar, además, que los activistas fueron torturados en las cárceles, que están en Cuba sin empleos ni medios de vida, pasando hambre, que a pesar del entusiasmo que este movimiento provocó en el exilio casi nadie envía medicinas y recursos a estos grupos, salvo excepciones como el Grupo de Apoyo al Movimiento de Derechos Humanos, y hablo incluso de una época donde nuestras denuncias eran apenas escuchadas.

Muchos de los activistas que salieron de Cuba sufrieron un asedio atroz. Samuel Martínez Lara estuvo once meses incomunicado en Villa Marista, David Moya recibió golpes y torturas durante un año en la prisión "5 y medio" de Camagüey, a Teodoro del Valle le fracturaron en prisión la base del cráneo, Hiran Abí Cobas sufrió dos infartos en el Combinado del Este, Rolando Cartaya casi fue asesinado en un pogromo fascista, los participantes en la Expo de Artistas Disidentes estuvieron a punto de ser linchados por las hordas de Abrahantes, a Roberto Bermúdez Miguel le fracturaron un brazo y recibió otras contusiones en el cuerpo a manos de las turbas, por no hablar del caso de Ricardo Bofill cuya vida se convirtió en un infierno dirigido desde Granma. Otros, a pesar de estas condiciones, han decidido quedarse: Sebastián Arcos, Indamiro Restano, Ma. Elena Aparicio, Pablo de los Reyes, Omar del Pozo,

Rodolfo González y Luis Pita Santos, por citar algunos. Los atropellos anteriores fueron confirmados por periodistas que viajaban a la isla y algunos, sabe Dios por qué, tergiversaron los hechos e incluso nos atacaron.

Sin embargo, recalco, por todo lo anterior Estados Unidos no otorga visas.

El último punto a precisar es el del derecho. Los derechos no deben ser explicados, cuando alguien tiene que documentar por qué hace uso de un derecho éste deja de existir, es dañado irremediablemente. Y para cerrar: la profesión de juez, fuera de la corte, es una de las más fáciles del mundo.