DERECHO A LA LIBERTAD DE REUNIÓN Y DE ASOCIACIÓN PACÍFICA

Virgilio Toledo López
Boletín "En Consulta". Cuba, Año VI. No. 65. Marzo de 2006

El ser humano es un ser social y por ende necesita interrelacionarse con los demás para poder desarrollar todas sus dimensiones y encontrar el sentido pleno de su existencia. La libertad de reunión y de asociación pacífica es un derecho básico, no solo del individuo en particular, sino de la sociedad y su bien común.

Cuando no es garantizado este derecho se destruye la subjetividad creativa del ciudadano, de la sociedad y su espíritu de iniciativa, proliferándose la pasividad, la dependencia y la sumisión; esto a su vez provoca un sentido de frustración y desesperación en las personas que los conduce a una despreocupación por la vida social de su país.

La asociación del hombre debe realizarse sobre la base de objetivos, metas, e intereses comunes que pretendan lograr la defensa de los intereses vitales de los hombres y las mujeres y la consecución del bien común. En este rol desempeñan un papel muy importante los grupos intermedios que conforman la sociedad civil, entre los que se encuentran los ámbitos de la familia, grupos económicos, sociales, políticos y culturales. Ellos deben reunirse con autonomía propia para poner en práctica los diferentes proyectos que los vinculan entre sí.

Lamentablemente en nuestro país no se favorece de hecho la consecución de este derecho. Si una persona o grupo de personas decide asociarse o reunirse libremente en cualquiera de los ámbitos mencionados arriba, puede ser penada por la legislación vigente. Por solo citar algún ejemplo, vemos que esto se manifiesta concretamente en el mundo del trabajo, al impedir el derecho que tienen los trabajadores de agruparse en sindicatos y empresas privadas. Como es sabido por todos, esta necesidad surge de la limitación del hombre para defender aislado sus derechos, y además, de no poder hacer solo determinadas labores o producir y generar determinados bienes y servicios. En Cuba la propiedad privada sobre los medios de producción solamente está en manos del estado y a los trabajadores nada más se les permite pertenecer a asociaciones sindicales o empresariales que funcionan como correa de transmisión.

Es misión del estado garantizar la estabilidad y seguridad de las relaciones sociales creando los mecanismos e instrumentos de participación democrática que necesitan los miembros de una sociedad, para crear un hábitat favorable y necesario a la hora de lograr una convivencia más armónica y placentera. Limitar o entorpecer dichas relaciones sociales por diferentes motivos, perjudica a la sociedad en su conjunto y a su desarrollo y es contrario a su razón de ser.

Este principio es una muestra irrefutable de lo imprescindible que es para la garantía de los derechos, la libertad de asociación y reunión.

Podemos asegurar que a través de la solidaria colaboración que surge de la libre reunión y asociación pacífica se garantiza la creación de comunidades de trabajo cada vez más amplias y seguras para llevar a cabo la transformación del ambiente natural y del mismo ambiente humano.

Una sociedad, en la medida que tenga y garantice más la libertad de este derecho de asociación y reunión, será más diversa y más rica, por el hecho de que la diversidad es fuente de riqueza y desarrollo. Mientras más grupos autónomos e independientes existan, mayor y más amplio será el tejido de la sociedad civil y por ende mucho más activa y dinámica será la vida de un país. No debemos tenerle miedo a esta diversidad, más bien lo que hay es que canalizarla y establecer un marco que garantice que la libertad de reunión y asociación pacífica esté encauzada a la búsqueda del desarrollo y del bien común de la Nación.

Cuba necesita, para reconstruirse y desarrollarse, del enorme potencial creativo de todos sus hijos, no lo neguemos ni le pongamos límites innecesarios, impidiendo el derecho de reunión y asociación pacífica.